El boxeo mexicano vivió un capítulo digno de película de espías cuando Lindolfo Delgado perdió su oportunidad por el cetro superligero de la FIB en Riad. Su entrenador, Robert García, decidió cancelar el viaje ante las alertas diarias de misiles y una logística que parecía salida de un videojuego fallido. Sin boletos de avión y con un trayecto de carretera interminable, el equipo consideró imposible preparar al peleador para un combate de campeonato.
García explicó que recibir dos alertas diarias por posibles ataques eliminaba cualquier certeza, y que Delgado apenas tendría dos días para adaptarse al cambio de horario y bajar de peso. La situación en Arabia Saudita, con advertencias internacionales y vuelos interrumpidos, complicó todo. Mientras tanto, Saúl Canelo Álvarez arribó sin drama, recibido con flores blancas y música de Jalisco, listo para enfrentar a Christian Mbilli el 31 de octubre pese a las mismas alertas. Oleksandr Usyk y Rafael Espinoza también confirmaron su presencia, demostrando que el evento sigue en pie.
Arthur Biyarslanov ya entrena en el lugar, mientras los organizadores esperan al resto del cartel. La llegada de Canelo, tras su operación en el codo, genera expectativa en un ambiente que algunos describen como tenso pero manejable. El tapatío, con 63 victorias y experiencia en cuatro divisiones, mantiene su enfoque habitual.
El promotor Turki Alalshikh compartió imágenes de los boxeadores ya instalados, minimizando el ruido mediático. Al final, la diferencia entre quienes viajan y quienes se quedan parece radicar en la confianza y la logística resuelta a tiempo.




