La economía argentina deja a Milei en un limbo electoral que ni corona ni hunde

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La economía argentina se mueve como un ascensor atascado entre pisos: sube un poco en macroeconomía pero no convence del todo a los inversores que ya piensan en las elecciones de 2027. El país pasó de una inflación del 211 por ciento a un 33 por ciento actual, con proyecciones de llegar al 21 por ciento ese año, aunque todavía no logra arrancar con cero como prometió el presidente. Los fondos de inversión reunidos en Nueva York resumieron su postura con un simple “esperar y ver”, sin entusiasmo ni pánico declarado.

El superávit fiscal y el aumento de las reservas del Banco Central hasta más de 50 mil millones de dólares generan aplausos entre analistas, pero el ajuste que los produjo congeló obra pública y provocó la pérdida de 300 mil empleos privados registrados. Sectores como energía y minería crecieron casi 16 por ciento, mientras que la industria cayó más de 7 por ciento y la construcción se hundió 24 por ciento. Esa dualidad económica parece un equipo de fútbol donde los delanteros festejan goles y los defensores siguen en el vestuario sin camiseta limpia.

La falta de trabajo ya desplazó a la inflación como principal preocupación de los argentinos, según encuestas de la Universidad de San Andrés. Los salarios registrados apenas superan la inflación acumulada desde 2023, pero siguen por debajo de los niveles de inicios de ese año. Consultoras como MAP hablan de una “economía del ni”: ni garantiza la reelección de Milei ni lo manda directo al basurero político.

Inversores extranjeros observan que el crecimiento sigue siendo heterogéneo y que los sectores intensivos en mano de obra no levantan cabeza. El Gobierno, en cambio, insiste en que el mercado exagera el riesgo electoral y que los bonos terminarán reflejando una victoria cómoda. Mientras tanto, la actividad económica general muestra señales de enfriamiento que podrían complicar el relato oficial de cara a octubre de 2027.

El plan económico recibe elogios del Fondo Monetario y de gobiernos extranjeros, pero en las calles el empleo informal y los ingresos magros generan más quejas que aplausos. Nadie sabe aún si esta mezcla de números positivos y realidades duras terminará siendo el mejor aliado o el peor enemigo de Milei en las urnas. Por ahora, todo apunta a que la economía seguirá repartiendo migajas dispares hasta que alguien cuente los votos.

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