El aroma a naranja y azúcar espolvoreada ya ronda las cocinas capitalinas, y algunos prefieren pasar del comprador al artesano antes de que llegue el Día de Muertos. En lugar de hacer fila en la panadería de siempre, varios talleres en la CDMX ofrecen la posibilidad de ensuciarse las manos con masa, huesos de azúcar y bastante harina voladora.
Para los más chicos, el Taller Mini Bakers convierte a niños de tres a diez años en panaderos por unas horas. Con guía paso a paso y ambiente seguro, los pequeños amasan, dan forma y decoran su propia pieza mientras descubren que la harina se pega más que cualquier chicle. La experiencia busca mezclar diversión con tradición sin que terminen bañados de huevo hasta las cejas.
Los adultos también tienen opciones, como el taller de Consuelo Pan de Madre y la sesión de cuatro horas con el chef Josué Ronquillo. Ahí se aprenden técnicas de amasado, el sentido de cada ingrediente y cómo colocar los huesitos sin que parezcan dedos fantasiosos. No se necesita experiencia previa, solo ganas de llevarse la receta a casa y evitar que el horno se convierta en un volcán de masa quemada.
Al final, quien participa sale con pan propio, recetario y la certeza de que hornear no es tan sencillo como verlo en videos. El cupo es limitado y las fechas se concentran a finales de octubre, así que vale la pena apartar lugar antes de que solo queden las migajas de la temporada.




