En la secundaria número 10 de Cuauhtémoc, Claudia Sheinbaum transformó una mañanera en una lección práctica sobre adicción digital. Mientras 28 millones de estudiantes regresaban a clases, la presidenta usó el reciente acuerdo de Meta con fiscales estadounidenses como prueba viviente de que las plataformas están diseñadas para atrapar a los menores como si fueran caramelos en una máquina expendedora sin botón de apagado.
El caso, resuelto la semana pasada, obligó a la empresa de Zuckerberg a pagar más de 17 mil millones de dólares tras reconocer que funciones como el desplazamiento infinito y las notificaciones no surgieron por accidente. Instagram y Facebook ahora limitarán el uso de menores a dos horas diarias y bloquearán el acceso entre medianoche y las seis de la mañana. Sheinbaum trasladó esa experiencia a México preguntando directamente a los alumnos cuántas horas perdían en redes antes de darse cuenta de que ya no querían hacer nada más.
Mario Delgado aportó respaldo con una encuesta a 565 mil 396 docentes, donde el 81 por ciento coincidió en que los celulares no deben usarse durante clases ni recreo. La regulación, aclaró Sheinbaum, se construirá con maestros, padres y estudiantes, no por decreto solitario.
Al final, la mandataria promovió el regreso al resorte y al yoyo como alternativa al scroll infinito. La imagen de adolescentes intentando hacer trucos con un resorte mientras el celular vibra en el bolsillo resume mejor que cualquier estadística el verdadero campo de batalla: recuperar el patio sin que una notificación lo arruine.





