La telenovela política favorita de nadie, el diálogo entre el chavismo y la oposición venezolana, amenaza con regresar a las pantallas a mediados de septiembre con más drama que un especial de fin de año. Después de una primera ronda de calentamiento donde acordaron cosas tan emocionantes como la creación de «mesas técnicas», ahora prometen entrar en los «asuntos sensibles». Es el equivalente a que una pareja en crisis deje de discutir sobre quién saca la basura para empezar a hablar del elefante con cuernos que está sentado en la sala.
El primer gran logro de este cónclave, que la oposición celebra como si hubieran ganado el Mundial, es una reforma a la ley para elegir a los magistrados del Tribunal Supremo. En esencia, ahora la sociedad civil podrá opinar un poquito más sobre quiénes vestirán las togas en el futuro. Es un avance tan monumental como permitir que los pasajeros del Titanic voten por la nueva orquesta mientras el barco se hunde, pero en un país donde cualquier acuerdo es noticia, se festeja con bombos y platillos.
Pero el verdadero plato fuerte de la próxima temporada es la discusión sobre las inhabilitaciones, ese castigo político que es como poner a un jugador estrella en la banca por tiempo indefinido. Y la estrella principal de este drama es María Corina Machado, la reciente ganadora del Premio Nobel de la Paz, a quien convenientemente no invitaron a la reunión. El plan es, al parecer, decidir el futuro de la protagonista de la película sin que ella esté presente en el set de filmación.
La ausencia de Machado ha convertido el asunto en un drama interno, con una parte de la oposición sentada a la mesa y la otra gritando desde la tribuna que están negociando con los suplentes. Esta división ha generado más tensión que una final de fútbol por penales, demostrando que antes de ponerse de acuerdo con el gobierno, primero tendrían que ponerse de acuerdo entre ellos. Es como intentar organizar una fiesta sorpresa donde la mitad de los organizadores no se hablan.
Así que la posible vuelta a la mesa el 15 de septiembre no es solo otra reunión para tomar café y galletas. Será el momento de la verdad para saber si este diálogo es una serie con un guion audaz que se atreve a tocar los temas que importan, o si simplemente nos regalarán otro capítulo de relleno donde todos hablan mucho y no pasa absolutamente nada. Hagan sus apuestas, porque en esta trama, el único giro predecible es que nada es predecible.





