En el arranque oficial del Proceso Electoral 2026-2027, el INE convocó a una sesión que parecía más un grupo de terapia para ansiosos crónicos. Los representantes del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano llegaron con una lista de quejas más larga que la saga de Rápido y Furioso, listos para el drama.
Alejandro Moreno, del PRI, acusó a Morena de ser “el más tramposo”, una declaración tan audaz como un pingüino quejándose del frío. Le siguió el PAN, con Víctor Hugo Sondón, quien vio campañas ilegales hasta en la sopa, y MC, que señaló a infractores como Andrés “Andy” López Beltrán con la indignación de quien descubre que le pusieron piña a la pizza. El trío opositor básicamente estrenó su discurso de derrota con años de antelación, quejándose de actos del senador Armando Ayala Robles como si fuera el fin del mundo.
Frente a este festival de nervios, la consejera presidenta Guadalupe Taddei aplicó un sedante verbal. Con la calma de un monje zen, les recordó que el INE no es club de fans de nadie y no rendirá cuentas a caprichos partidistas. Sutilmente señaló que el gran pendiente nacional no son las campañas, sino enseñar a los políticos el olvidado arte de saber perder, un mal que ni el PREP ni los conteos rápidos pueden curar. Remató asegurando que el instituto se enfoca en blindar el proceso y eliminar mañas como las «boletas planchadas», no en consolar egos heridos.
Taddei concluyó pidiendo a su equipo ignorar los “malos augurios”, como quien espanta a un mosquito molesto. Así, con el silbatazo inicial, quedó claro que mientras el árbitro se prepara para un maratón de civismo, algunos corredores ya están calentando para la carrera de pretextos.



