Desde San Lázaro, la oposición convirtió una propuesta de Claudia Sheinbaum sobre el derecho de las audiencias en un drama digno de telenovela de las cuatro. Este 5 de agosto, Kenia López Rabadán, presidenta de la Cámara de Diputados, alertó sobre riesgos fantasmales para la libertad de expresión y el periodismo mexicano, como si los lineamientos fueran un monstruo bajo la cama.
López Rabadán mencionó siete periodistas asesinados en 2026 según Reporteros Sin Fronteras y 639 agresiones reportadas por Artículo 19 en 2024, una cada 14 horas. Sin embargo, usó esas cifras reales para sugerir que la reforma de Sheinbaum estigmatiza a la prensa, repitiendo críticas desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador. La diputada describió descalificaciones permanentes y advirtió que limitar la libertad de expresión mediante reglas ambiguas es peligroso. También señaló intentos estatales de registrar periodistas, que podrían excluir a comunicadores de mecanismos de protección.
La mandataria mexicana, el 4 de agosto, aclaró que el derecho de las audiencias es un principio constitucional del artículo 6, orientado a garantizar información plural y oportuna, no a censurar. Las medidas buscan que el público acceda a contenidos diversos sin que ello implique control sobre medios. Sheinbaum señaló que algunas críticas provienen de quienes prefieren privilegios anteriores.
La oposición presenta la reforma como amenaza, aunque el gobierno mantiene su enfoque en transparencia y protección real de periodistas sin debilitar mecanismos existentes. El debate resalta cómo una discusión sobre audiencias se infla hasta parecer un complot contra la prensa.
En realidad, garantizar acceso plural a información parece menos riesgoso que convertir cada lineamiento en una conspiración nacional.



