¡El circo diplomático se descontrola!

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En apenas 24 horas, el gobierno de Lula da Silva se metió en un lío internacional que parece sacado de una telenovela de mal gusto. Trump le canceló la visa a la embajadora brasileña en Washington como quien le niega la entrada a un restaurante por no llevar corbata, y Milei volvió a llamarlo “ladrón” por segunda vez en pocos días, como si estuviera gritándole improperios a un vecino que le robó la manguera.

Brasil, ofendido, bajó el nivel de su representación en Argentina a “encargado de negocios”, lo que en criollo significa: “ya ni te mandamos ni el embajador, te mandamos al chico de los mandados”. Milei, aliado de Trump y fan de los insultos baratos, parece estar compitiendo por ver quién molesta más a Lula antes de las elecciones de octubre. Fuentes del gobierno brasileño aseguran que el argentino solo quiere quedar bien con Washington, como el alumno que le lleva manzanas al profesor para que le suba la nota.

Lula, sin andarse por las ramas, soltó en una entrevista: “Que nadie piense que va a poder meter las narices desde afuera”. Y sobre la visa cancelada sentenció que fue una actitud “irresponsable, impensada y totalmente innecesaria”, como cuando alguien te bloquea en WhatsApp por un meme que ni siquiera era tan gracioso.

Mientras tanto, las tensiones vienen de lejos. Desde 2025 Trump ya le había puesto aranceles a Brasil por el tema de Bolsonaro, y ahora parece que la cosa se está poniendo más personal que un pleito de condominio. Brasil hasta le negó visas a dos funcionarios gringos que, según Lula, venían “a fisgonear las urnas”, algo que suena más a paranoia de grupo de WhatsApp que a diplomacia seria.

En el frente argentino, el canciller Mauro Vieira declaró que tras “reiterados insultos y agresiones” ya no van a seguir mandando al embajador a Buenos Aires. Milei repitió el “ladrón” y “presidiario” como si fuera un estribillo de reggaetón viejo, y Brasil decidió que ya basta. Las relaciones entre los dos países, que antes eran como hermanos que se prestan plata, ahora parecen dos vecinos que se saludan solo con la cabeza.

Todo esto a dos meses de las elecciones brasileñas, donde el principal rival de Lula es nada menos que Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente preso. El Departamento de Estado niega que quiera “socavar las elecciones”, pero la verdad es que el ambiente está más cargado que un colectivo en hora pico.

En resumen: tres presidentes, dos visas canceladas, un montón de insultos y cero diplomacia. Si esto sigue así, lo próximo será que se manden memes en vez de notas diplomáticas.

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