Israel se planta en el Líbano como cuñado en el sofá y no suelta ni un metro más

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Israel dejó claro este jueves, en plena ronda de negociaciones, que no piensa retirarse de más zonas del sur del Líbano hasta que el ejército libanés demuestre que controla de verdad las dos primeras “zonas de prueba”. Traducción libre: nada de avanzar de casilla hasta que el vecino demuestre que sabe hacer la cama y no deja las armas tiradas por el pasillo. La séptima ronda de charlas se celebró en Roma bajo la mirada atenta de Estados Unidos, ese eterno árbitro que reparte consejos mientras mira el reloj.

Según una fuente de la presidencia libanesa que habló bajo anonimato (porque en estos asuntos firmar es de valientes o de locos), las conversaciones no arrojaron resultados definitivos. Desde Beirut el panorama se veía más negro que café de gasolinera a las seis de la mañana. En cambio, un portavoz del Departamento de Estado estadounidense aseguró que todo fue “productivo”. Clásico: unos salen con cara de funeral y los otros venden la reunión como si hubieran inventado la rueda.

El marco acordado en junio sonaba casi razonable sobre el papel: desarme de Hezbolá, retirada gradual israelí y despliegue del ejército libanés empezando por dos zonas de ensayo. El 21 de julio los soldados libaneses empezaron a aparecer por una aldea del sur que antes controlaba Israel. El Líbano quiere pasar ya a las siguientes casillas, pero Israel responde con la calma de quien corrige un examen: primero verificamos que las dos primeras estén bien hechas y luego hablamos de lo demás.

Mientras tanto, Hezbolá mira las negociaciones de reojo, rechaza sentarse a la mesa y se niega a soltar sus armas como quien se niega a devolver la herramienta prestada. Para que no falte ambientación de fondo, el ejército israelí bombardeó el sur este mismo jueves en represalia por la muerte de dos soldados el miércoles. Porque nada dice “estamos negociando la paz” como un par de explosiones bien puestas.

Todo este embrollo viene de marzo, cuando Hezbolá decidió que el Líbano necesitaba más emoción en su vida y empezó a lanzar cohetes contra Israel en apoyo a Irán. Israel contestó con la sutileza de un elefante en una cacharrería: bombardeos aéreos e invasión terrestre que, según cifras libanesas, ya se han cobrado más de 4.300 vidas. Al final, las “zonas de prueba” se han convertido en el nuevo examen de conducir de Oriente Medio: Israel no quita el pie del freno, el Líbano quiere subir de marcha y Hezbolá sigue en el asiento de atrás gritando que nadie le quita el volante. Y Roma, de fondo, hace de escenario elegante para un drama que lleva demasiado tiempo sin crédito de final.

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