La Casa Blanca se convirtió en el escenario del último acto de magia de Donald Trump, quien reunió a ejecutivos de nueve compañías farmacéuticas para anunciar nuevos acuerdos sobre el precio de los medicamentos. En un evento que tuvo más drama que un final de temporada, Trump declaró que las farmacéuticas “nos están estafando, pero eso se acabó”. Con esta frase, básicamente las acusó de robarse hasta los clips de la oficina, pero prometió que su administración pondría fin al abuso.
El truco es simple: las compañías ofrecerán descuentos a los programas estatales de Medicaid para que los precios se parezcan a los que cobran fuera del país. Trump aseguró que con estas nuevas incorporaciones, ya tiene al 90% del mercado farmacéutico en el bolsillo, y que el 10% restante “no tiene otra opción” más que unirse. Una invitación tan cordial como la que le hace el cobrador de Elektra al deudor moroso. A cambio, las empresas prometieron invertir 19.600 millones de dólares en manufactura local.
Mientras tanto, los ejecutivos farmacéuticos, con una sonrisa más forzada que la de un anfitrión de programa matutino, se sumaron al espectáculo. Una de las compañías, CSL, afirmó en un comunicado que el acuerdo le da “mayor certeza” y que no espera “ningún impacto significativo” en sus finanzas. En otras palabras: “gracias por la invitación al circo, presidente, pero nuestras ganancias seguirán tan saludables como siempre”.
Pero, como en todo buen truco de magia, la clave está en lo que no se ve. Estos acuerdos tan aplaudidos no hacen absolutamente nada por los más de 160 millones de estadounidenses que tienen seguro médico a través de sus empleadores. Para ellos, los costos de la atención médica siguen subiendo más rápido que la espuma de la cerveza, mientras sus jefes les pasan la cuenta con primas más altas y beneficios más raquíticos.
Para rematar la faena, no está claro cuánto dinero se ahorrará realmente, ya que Medicaid por ley ya recibe descuentos gigantescos. Un estudio estima que se podrían ahorrar unos 8.000 millones de dólares al año *si* se aplicara a ciertos medicamentos caros. Todo esto mientras otras políticas de la misma administración podrían dejar a 10 millones de personas sin seguro médico. Es una de esas estrategias tan brillantes que te preguntas si el plan es curar a la gente o simplemente reducir la lista de espera de forma permanente.





