Las cuentas de Colombia están más en rojo que un tomate, demostrando que gastar es más fácil que ganar

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La economía colombiana ha demostrado tener la misma disciplina financiera que un adolescente con la tarjeta de crédito de sus padres. Durante el primer semestre de 2026, el déficit de la cuenta corriente, que es el término elegante para decir que gastamos más de lo que ganamos, alcanzó los 5.981 millones de dólares. Esto es un aumento de 1.854 millones respecto al año pasado, un hueco que representa el 2,3% del PIB. El Banco de la República, en su rol de padre preocupado, explicó que el desastre se debe a que nuestro apetito por las cosas en dólares creció, aunque la apreciación del peso ayudó a maquillar un poco el golpe.

La ironía de este enredo es que al país le está yendo de maravilla vendiendo sus productos al mundo. Las exportaciones crecieron un jugoso 13,6%, impulsadas por el oro y el petróleo, que se vendieron como pan caliente en panadería de barrio. Sin embargo, como en toda buena historia de un comprador compulsivo, nuestro gusto por los cachivaches importados fue aún más voraz, con un aumento del 14,2%. Básicamente, nos entró un aumento de sueldo y salimos corriendo a comprar un televisor más grande en lugar de pagar las deudas.

Para añadirle más picante al sancocho financiero, el dinero extranjero empezó a comportarse de manera bipolar. La inversión extranjera directa, esa que viene con intenciones serias y se queda a vivir, aumentó un 31,1% hasta los 8.138 millones de dólares. Es como si, a pesar de nuestro desorden, todavía hubiera gente dispuesta a firmar una hipoteca con nosotros. Pero la inversión «de cartera», que es más nerviosa que un chihuahua en una tormenta, recogió sus maletas y salió corriendo, dejando un hueco de 3.032 millones.

A pesar de la fuga de capitales golondrina, la cuenta financiera, por algún tipo de magia contable, registró entradas netas por 4.265 millones de dólares. El Banco Central lo explicó con una ensalada de cifras que incluía capital extranjero que sí entró, capital colombiano yendo de paseo al exterior, pagos por derivados y un aumento de las reservas. En resumen, mientras unos salían por la puerta de atrás, otros entraban por la ventana, dejando la casa con un balance positivo que nadie entiende muy bien cómo se logró.

Al final del día, la cuenta total de Colombia es como la de un restaurante después de una cena de gala: le debemos al mundo la friolera de 204.240 millones de dólares, lo que equivale al 40% de todo lo que producimos en un año. Es la versión económica de vivir con la tarjeta de crédito al límite, esperando que el banco no se dé cuenta de que nuestro sueldo no alcanza para pagar la cuota. En algún momento, van a llamar para cobrar.

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