Honduras, un país donde la luz se va con más frecuencia que las ganas de trabajar un lunes, ha decidido tomar cartas en el asunto con su desastrosa Empresa Nacional de Energía Eléctrica (Enee). Esta joya de la administración pública tiene el admirable talento de perder la módica suma de 1,9 millones de dólares al día. Ante tal hemorragia de dinero, el Congreso aprobó una nueva «Ley de Justicia Energética», cuyo plan maestro consiste en dividir a la empresa en tres, como si al cortar un problema en pedazos, este mágicamente desapareciera.
La brillante idea es transformar a la Enee en una «empresa matriz» con tres flamantes «subsidiarias» encargadas de la generación, transmisión y distribución. Supuestamente, esto les dará autonomía y eficiencia, aunque suena más a ponerle tres nombres distintos al mismo desastre con la esperanza de confundir a los acreedores. El gobierno ha jurado por todos los santos que la empresa seguirá siendo 100% pública y que sus acciones no se venderán, una promesa tan sólida como un flan en pleno agosto.
Para que los ciudadanos no salgan a la calle con antorchas, la ley viene con un dulce para calmar a las masas: la tarifa eléctrica quedará congelada por seis meses, con la posibilidad de extender el favorcito por otros seis. Es la versión gubernamental de «mira el pajarito» mientras te preparan la inyección. Además, los subsidios ahora aparecerán de forma explícita en la factura, para que todos puedan ver en blanco y negro de dónde sale el dinero para tapar este agujero negro financiero.
Por supuesto, la reforma también promete atacar el robo de energía y modernizar la red, objetivos tan loables y recurrentes como los propósitos de Año Nuevo. El debate político no se hizo esperar, con la oposición gritando a los cuatro vientos que esto es una privatización disfrazada, mientras el oficialismo insiste en que solo están ordenando la casa. Es el clásico «yo no fui» de la política, pero con millones de dólares en juego y el riesgo de que el país se quede a oscuras.
Para rematar, la comunidad internacional ha aparecido con una bolsa de caramelos para incentivar el buen comportamiento. La Unión Europea y Estados Unidos han aplaudido la medida y han insinuado que podrían soltar unos cuantos millones en fondos si la cosa funciona. Es el equivalente a que tus padres te prometan un helado si finalmente limpias tu cuarto, un cuarto que, en este caso, lleva décadas acumulando polvo, deudas y apagones.





