El Índice Nacional de Precios al Productor subió como resaca de tequila barato y pasó de 2.10 por ciento en junio a 2.56 por ciento en julio, todo por culpa del petróleo que se disparó 20 por ciento tras los bloqueos en el estrecho de Ormuz. El gas natural aumentó 10 por ciento mensual, el transporte aéreo se puso 5 por ciento más caro y el polietileno subió 18 por ciento, como si alguien hubiera decidido que fabricar bolsas ahora fuera lujo de millonario.
Los aceites lubricantes también pegaron un brinco de 9 por ciento, confirmando que hasta engrasar maquinaria se volvió deporte de alto riesgo. Mientras tanto, las actividades de servicios registraron la mayor inflación con 4.14 por ciento anual, porque hasta el que solo vende tiempo parece haber decidido cobrar como si fuera oro negro.
Las industrias manufactureras subieron solo 1.59 por ciento, pero la minería se puso en 10.18 por ciento anual, como si los minerales hubieran decidido irse de vacaciones a Dubai. En contraste, las actividades agropecuarias bajaron 7.25 por ciento, demostrando que las vacas y los jitomates siguen siendo más sensatos que los políticos que cierran estrechos.
Los analistas explican que todo esto viene de los mayores costos logísticos y fertilizantes, pero en la calle la gente solo ve que llenar el tanque o volar a cualquier lado ahora cuesta como contratar un mariachi para cada comida. Banxico sigue sin tocar la tasa, porque ajustar ahora sería como apagar el fuego con alcohol de 96 grados.
Al final, la inflación al productor ya huele a problema más grande que la resaca del sábado, y los servicios siguen cobrando como si el conflicto en Medio Oriente fuera su mejor aliado.




