Los analistas de XP y Goldman Sachs coincidieron en que la inflación moderada de julio y la estabilidad del peso abren la puerta a un recorte de tasas en México antes que a cualquier subida. El diferencial con la Reserva Federal anda tan estrecho como la ropa interior después de la lavadora, pero nadie espera que Banxico copie movimientos ajenos mientras el tipo de cambio se mantenga alrededor de 17.20 pesos por dólar.
El estratega Marco Oviedo señaló que la fortaleza del peso actúa como escudo contra presiones importadas, incluso si el dólar llegara a 18 pesos. Además, las exportaciones ligadas a la inteligencia artificial crecen como plaga de chapulines en temporada de lluvias y sostienen la balanza comercial sin necesidad de atraer dinero solo por la diferencia de tasas.
Alberto Ramos, de Goldman Sachs, añadió que si la economía mexicana muestra debilidad en la segunda mitad del año, la Junta de Gobierno podría considerar recortes adicionales después del verano, siempre que el peso siga anclado y la inflación continúe su camino hacia el objetivo. La holgura en la brecha del producto parece pesar más que cualquier amenaza externa.
Desde la academia, Alicia Galindo advirtió que una economía floja por sí sola no justifica bajar la tasa si la inflación subyacente sigue por encima del tres por ciento. La decisión de mantener el seis punto cincuenta por ciento es, según ella, una pausa de cautela, no de comodidad, porque bajar demasiado pronto sería como apagar la luz con los ojos vendados y esperar que no se caiga nadie.
En resumen, el peso fortachón le da margen a Banxico para mirar hacia adentro mientras la economía amenaza con ponerse más lenta que el tráfico en Periférico un viernes por la tarde.




