La reunión de dos días en Asheville, Carolina del Norte, arrancó con una advertencia clara del Tesoro de Estados Unidos: el mejor antídoto contra la deuda global récord es generar más crecimiento económico. Los ministros de finanzas del G20 escucharon que el mundo ya acumula casi 353 billones de dólares en pasivos, una cifra que ha puesto nerviosos hasta a los inversores que antes confiaban ciegamente en los bonos del Tesoro estadounidense. El mensaje fue directo: o se crece por encima de esa montaña de compromisos o se queda uno atrapado bajo ella.
La coyuntura no ayuda. La economía mundial lidia con una crisis energética provocada por la guerra de Irán, soporta el enorme superávit comercial chino y se prepara para digerir el auge de las inversiones en inteligencia artificial. En ese cóctel explosivo, el secretario del Tesoro Scott Bessent recordó que tras la crisis financiera de 2007-2009 y la pandemia de covid-19 el planeta quedó inundado de deuda. Su receta sigue siendo la misma: crecer lo suficiente para dejar atrás el problema en lugar de seguir emitiendo más pagarés.
Bessent añadió que muchos líderes del G20 parecían receptivos a esa idea. La administración Trump ha llevado la propuesta un paso más allá al invitar a ejecutivos del sector privado a las sesiones, algo poco habitual en estos foros. La apuesta es clara: desregular, producir más energía y fomentar la innovación para que el crecimiento sea el motor que saque a todos del atolladero.
El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, completó el cuadro al describir un cambio de época. Ya no se habla de exceso de ahorro mundial como antes de la crisis de 2008, sino de un auge global de la inversión que está revirtiendo esa tendencia. Warsh señaló que el capital ya no se queda dormido en instrumentos de bajo rendimiento, sino que busca oportunidades con más agresividad.
El remate llegó cuando los funcionarios reconocieron que el crecimiento mundial lleva demasiado tiempo por debajo de su potencial. Entre risas nerviosas y miradas al techo, quedó flotando la pregunta de si el G20 será capaz de pasar de las buenas intenciones a los resultados concretos antes de que la deuda decida cobrar intereses por su cuenta.





