El gobierno usa ábaco para medir la economía mientras la IA ya sabe hasta qué desayunaste

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Imagínate que la economía es un paciente en terapia intensiva y los doctores usan un termómetro de mercurio de la abuela para medirle la fiebre. Así de anticuado está el gobierno de Estados Unidos, que sigue usando métodos de la era de los dinosaurios para entender qué diablos pasa con el dinero. Entre que Donald Trump despidió a medio mundo y la pandemia interrumpió la recolección de datos, los informes oficiales se volvieron tan confiables como un horóscopo de periódico.

El resultado de este caos es que las cifras del gobierno tienen más revisiones que un auto viejo antes de pasar la inspección. En 2021, por ejemplo, la Oficina de Estadísticas Laborales «encontró» de repente 1.9 millones de empleos que se le habían perdido, como quien encuentra monedas en el sofá. Para cuando se dieron cuenta, la Reserva Federal ya había tomado decisiones con información más chueca que una carretera de montaña, probablemente subiendo las tasas de interés cuando no debía.

Ante este desastre, los listillos del sector privado y la inteligencia artificial entraron al rescate, o más bien, a hacer negocio. Ahora, para saber si el país va bien, en lugar de encuestas que nadie contesta, espían el tráfico de tu celular, las transacciones con tarjeta de crédito y los registros de nómina. Es como tener a un detective privado para la economía, uno que sabe cuántas pizzas pediste anoche y lo usa para predecir la inflación.

La nueva estrella de este circo es la inteligencia artificial, que se ha convertido en el chismoso oficial de la economía. Usando modelos de lenguaje súper avanzados, se dedica a escuchar miles de aburridas conferencias de resultados de empresas para detectar si los jefes suenan optimistas o si están a punto de tirarse por la ventana. Esto les da una idea de lo que va a pasar mucho antes de que el gobierno termine de contar sus frijoles.

Así que mientras Washington sigue intentando armar el rompecabezas con piezas que no encajan, el resto del mundo ya le pregunta a un robot si es buen momento para invertir. Los economistas de antes esperaban el informe mensual con la paciencia de un santo; los de ahora reciben notificaciones en tiempo real porque una IA descubrió que los ejecutivos mencionaron la palabra «incertidumbre» un 15% más que el trimestre pasado. Bienvenidos al futuro, donde tu economía depende de un algoritmo.

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