Corea del Norte hace berrinche con misiles porque no lo invitan a jugar a la guerra

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Corea del Norte, en su papel de vecino ruidoso que no deja dormir, acaba de lanzar otro misil balístico desde su costa este. Es el segundo que avientan en menos de una semana, como si tuvieran una oferta de «dos por uno» en pirotecnia para dictadores. Todo este alboroto es porque Estados Unidos y Corea del Sur están a punto de empezar sus maniobras militares anuales, y a Pyongyang eso le molesta más que quedarse sin internet a media serie.

Desde la perspectiva de Corea del Norte, estos ejercicios son un «ensayo de guerra», que en lenguaje normal significa que sus vecinos están practicando en el patio trasero y a ellos no los invitaron a la parrillada. El cohete, lanzado desde la zona de Wonsan y que probablemente ya está alimentando a los peces, fue su manera de mandar un recordatorio pasivo-agresivo de que están atentos y listos para arruinar la fiesta si se les antoja.

Pero este año el simulacro tiene un nuevo giro. El ejército estadounidense dice que va a aplicar las «lecciones aprendidas» de ver a los soldados norcoreanos enviados a Ucrania para apoyar la guerra de su amigo Vladimir Putin. Es el equivalente militar de ver videos de gente cayéndose para aprender a no caminar por ahí, usando los errores ajenos para mejorar la técnica propia.

Mientras tanto, el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy, está viendo este enredo desde lejos y se le están poniendo los pelos de punta. Advierte que Pyongyang podría mandar aún más tropas y cohetes para la guerra de Rusia, como si fuera un servicio de entrega a domicilio de problemas internacionales. Desesperado, le pidió a Corea del Sur que le mande algunos de sus sistemas de defensa aérea, básicamente diciendo: «Oye, ya que tu vecino loco está ocupado, ¿no me prestas tu escudo?».

Así que el mundo se ha convertido en un gran trueque de armas donde todos piden prestado para defenderse de los matones del barrio. Ucrania busca con urgencia más interceptores, especialmente el sistema Patriot, de fabricación estadounidense, que al parecer es el único que puede detener los misiles rusos y ahora está más solicitado que un plomero en día de lluvia. Al final, mientras los líderes juegan a la guerra fría recalentada, el resto del mundo solo espera que los misiles de unos no terminen cayendo en el jardín de otros.

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