Parece que en las oficinas de Cisco tienen una montaña de dinero tan alta que ya no saben ni qué hacer con ella. La compañía, ese abuelo de las redes que de repente se volvió popular, confesó que tiene la friolera de 9.300 millones de dólares en pedidos relacionados con la Inteligencia Artificial. Sin embargo, para sorpresa de todos los que ya se veían comprando yates, su proyección de ventas para este año es de «apenas» 7.500 millones. Es el equivalente a tener una fila de gente dándote dinero y tú decirles: «No, gracias, hoy solo acepto billetes de cinco».
Como era de esperarse, los inversionistas reaccionaron como si les hubieran cancelado la cuenta de Netflix en medio de la final de su serie favorita. Las acciones de la empresa cayeron un 4%, después de haber subido como la espuma un 25% en los últimos tres meses. Un analista de UBS, con la sutileza de un martillo, calificó la previsión de «muy, muy conservadora», que en el lenguaje financiero significa: «¿Están bromeando o se les olvidó contar el dinero que tienen bajo el colchón?».
El mandamás de Cisco, Chuck Robbins, salió a dar explicaciones con un discurso que sonó a excusa de niño que no hizo la tarea. Mencionó que se trata de «pedidos no lineales de enorme envergadura», una frase tan clara como el agua de un pantano. Traducido del lenguaje corporativo al español: «¡Es tanto dinero y llega tan de golpe que nos da pánico contarlo todo de una vez, no vaya a ser que nos dé un infarto!». Así que prefieren ir de «prudentes» por la vida.
Lo más cómico del asunto es que, mientras los magnates de Wall Street hacían un berrinche por la timidez de Cisco con la IA, la empresa presentaba unos resultados trimestrales que superaron todas las expectativas. Sus ventas y ganancias fueron mejores de lo que cualquiera esperaba, pero a nadie le importó. Fue como quejarte de que tu Ferrari nuevo es del tono equivocado de rojo; un problema de ricos que nadie más entiende.
Al final, Cisco sigue reestructurándose para ser el rey de la fiesta de la IA, lo que incluye gastar hasta 1.000 millones de dólares en despidos para hacer espacio a los nuevos genios. Mientras tanto, su negocio de seguridad crece un 14%, otro dato que a nadie le importó. La lección del día es que en el mundo de la tecnología, no basta con tener la gallina de los huevos de oro; al parecer, también hay que prometer que pondrá huevos de platino con diamantes incrustados.




