En el último capítulo de la telenovela económica del momento, Estados Unidos y Canadá están agarrados del chongo, y las pequeñas empresas son las que reciben los sartenazos. El Tío Sam, en un arrebato digno de villano de opereta, le clavó un arancel del 50% a productos canadienses por un valor de 20.000 millones de dólares. Como era de esperarse, Canadá respondió con la misma moneda, y ahora el patio trasero de Norteamérica es un campo de batalla donde vuelan textiles, miel y hasta latas de pintura.
El drama se vive con más intensidad que en un programa de chismes vespertino. Skip Kann, de la textilera Fine Cotton Factory, está con el Jesús en la boca, diciendo que luchan por su supervivencia y que podría tener que despedir a varios de sus 250 empleados. Resulta que su empresa tiene una de las pocas tintorerías a gran escala del país, así que si ellos se hunden, arrastran a otros como si fuera un ancla. ¡Un efecto dominó más emocionante que el final de temporada de tu serie favorita!
Y hablando de dominós, ahí está Salmaan Andani de la empresa Jerico, quien ahora mira un pedido de 22.000 dólares canadienses con destino a una universidad gringa. El chistecito del arancel le suma 8.600 dólares adicionales al costo, así que el envío está en pausa, como tu suscripción al gimnasio en febrero. La universidad quería apoyar la fabricación ética, y terminó apoyando el caos económico transfronterizo sin querer.
Pero no todo es llanto y crujir de dientes. Mientras el apicultor Kevin Nixon ve cómo su miel se amarga en un limbo comercial, el bodeguero Paul Speck se siente el ganador de la lotería. Sus exportaciones a Estados Unidos eran menos del 1% de sus ventas, pero gracias a que el gobierno prohibió el alcohol gringo, ¡sus ventas locales subieron un 25%! Ahora, en lugar de comprar maquinaria estadounidense, se fue de compras a Europa, probablemente silbando una cancioncita.
Para cerrar este circo, tenemos a Darrin Noble, de Cloverdale Paint, a quien el tiro le salió por la culata. Su propia patria le clavó un arancel a las latas de acero que importa de Estados Unidos para envasar su pintura. Se calcula que la rentabilidad de su empresa caerá un 20%, lo que demuestra que en una guerra comercial, a veces te disparas en tu propio pie. Mientras tanto, el apicultor Nixon recibe correos de canadienses queriendo comprarle miel para apoyarlo, una dulce pero pegajosa forma de protesta.



