Brasil en llamas electorales y los inversores se encomiendan a los santos del petróleo

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A medida que se acerca el circo electoral en Brasil, programado para el 4 de octubre, los inversionistas andan con un tic en el ojo más notorio que político en campaña. El ambiente está tan tenso que los analistas financieros, en un intento desesperado por no perder hasta la camisa, han empezado a recomendar acciones como si repartieran amuletos de la suerte. La estrategia es simple: apostar por activos que ofrezcan algo de protección ante el sube y baja emocional que prometen las urnas.

En este casino de nervios, Petrobras y Axia Energia son las chicas populares del baile, acaparando la atención de todos. Ocho de cada diez casas de bolsa consultadas las señalan con el dedo como si fueran la última Coca-Cola del desierto, la apuesta segura en un mar de dudas. Justo detrás viene Vale, con siete recomendaciones, subiendo en popularidad como meme de gatitos, demostrando que en tiempos de crisis, lo básico nunca pasa de moda.

La telenovela política, por supuesto, es la que pone el sazón al desastre. La pelea estelar entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro tiene a todos calculando probabilidades como si fuera la quiniela. Para colmo, un tal Augusto Cury, escritor para más señas, se coló en el tercer puesto, complicando el guion más que el final de una serie de misterio y aumentando las chances de que este drama se vaya a una segunda vuelta.

Ante tanto drama, algunos listillos decidieron que es mejor cobrar en dólares sin salir de casa. Por eso, empresas como Suzano se volvieron atractivas, ya que exportan y reciben billetes verdes, funcionando como un salvavidas en caso de que el real brasileño se devalúe hasta valer menos que un tuit de autoayuda. Es la clásica jugada de tener el pasaporte listo por si la cosa se pone fea y hay que salir por piernas.

Y hablando de salir por piernas, los inversionistas extranjeros ya empezaron la estampida. En agosto se largaron con unos 18.500 millones de reales, marcando la mayor fuga de capital del año y repitiendo el pánico de agosto de 2022, justo antes de las elecciones pasadas. Parece que cada dos años les entra el mismo miedo escénico y huyen como si hubieran visto al cobrador de impuestos en la puerta.

En resumen, el mercado brasileño parece un episodio de caso cerrado, donde nadie sabe quién tiene la razón pero todos gritan. Los expertos dan consejos que podrían funcionar o no, mientras la economía se agarra de un clavo ardiendo. Mientras tanto, los de a pie solo esperamos que el sueldo alcance para pagar el internet y seguir viendo en primera fila cómo arde todo.

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