Si pensabas que la cuenta del supermercado te daba un susto de muerte, prepárate para lo que viene. El precio del petróleo ha decidido que la vida era demasiado aburrida y se ha disparado por encima de los 100 dólares por barril, como si se hubiera tomado tres cafés y una bebida energética. El crudo West Texas Intermediate ya coquetea con los 104 dolaritos, mientras que el Brent, su primo europeo, se pavonea cerca de los 108 dólares, un precio que no veíamos en casi cuatro meses.
El culpable de este desmadre es, cómo no, el Medio Oriente, que está más caldeado que asiento de coche en verano. Estados Unidos e Irán andan en un «que si tú me dices, que si yo te digo» pero con misiles y ataques a petroleros, lo cual no ayuda mucho a calmar las aguas. Para ponerle más sabor al caldo, los hutíes andan atacando instalaciones energéticas en Arabia Saudita, obligándolos a cerrar el chiringuito temporalmente.
Y justo cuando creías que la cosa no podía empeorar, aparece China con la cartera abierta, comprando crudo como si fuera el último rollo de papel higiénico en una pandemia. Esta repentina sed de petróleo ha puesto al mercado más tenso que un político en un detector de mentiras. Básicamente, hay menos petróleo para todos y el que queda, te va a costar un ojo de la cara y probablemente parte del otro.
Una operadora de energía, que seguro sabe más de esto que nosotros, llamada Rebecca Babin, ha salido a decir lo que ya todos sospechábamos. Según ella, este pleito podría durar más de lo que duró tu último propósito de año nuevo. Los analistas, con sus gráficos y proyecciones, al parecer se quedaron cortos, y la normalidad en el Golfo parece tan lejana como ganar la lotería sin comprar billete.
Para que te hagas una idea del drama, el crudo Brent ha subido casi un 80% este año, una cifra que haría llorar a cualquier inversor que no apostó por él. Y para rematar, Arabia Saudita anunció que su producción de petróleo volvió a caer el mes pasado hasta su nivel más bajo desde 1990. Sí, leíste bien, desde la época en que usábamos teléfonos con cable y creíamos que el futuro sería increíble.
Mientras tanto, el resto de los mortales vemos cómo sube el gas, la gasolina y hasta el aire que respiramos, porque seguro que pronto le ponen impuesto. Así que, ve desempolvando los patines o prepárate para vender un riñón la próxima vez que tengas que llenar el tanque. El espectáculo del mundo ardiendo nunca había sido tan caro.



