Colombia tiene la tarjeta de crédito al rojo vivo y le tiembla el pulso para pagar

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Un señor con nombre de personaje de telenovela, Elijah Oliveros-Rosen, quien es el economista jefe de mercados emergentes de S&P Global Ratings, acaba de poner a Colombia en el banquillo de los acusados. Según este oráculo de las finanzas, si las tasas de interés suben un poquito más, al país le va a dar un patatús fiscal de proporciones épicas. Comparado con sus vecinos más juiciosos, Chile y Perú, Colombia es ese primo que siempre pide prestado para la fiesta y luego se esconde para no pagar.

La principal razón de este drama financiero es que el país se ha vuelto adicto a vivir del crédito, como si no hubiera un mañana. El problema no es solo la cantidad de plata que debe, sino lo que le cuesta mantener esa deuda. Oliveros-Rosen sacó la calculadora y reveló la cifra del escándalo: casi el 16% de todos los ingresos que recoge el gobierno en impuestos se va directamente a pagar los intereses de sus deudas. Es como si de cada diez mil pesos que ganas, mil seiscientos fueran para el banco antes de que puedas comprar el pan.

Mientras tanto, el colombiano de a pie sigue dándole a la tarjeta de crédito con un entusiasmo digno de una final de fútbol, manteniendo el consumo por las nubes. Sin embargo, la inversión en el país ha caído en picada, con un desplome de más de cinco puntos porcentuales. En resumen, estamos comprando televisores de última generación y freidoras de aire, pero nadie está invirtiendo en arreglar las goteras del techo de la casa.

Para salir de este enredo, el diagnóstico del experto es claro y suena a consejo de terapeuta de parejas. Colombia necesita dos cosas con urgencia: «recobrar la credibilidad fiscal» y «reparar la relación entre el gobierno y el sector privado». Básicamente, el gobierno y los empresarios tienen que dejar de mandarse indirectas por redes sociales, sentarse a tomar un café y prometerse amor eterno, o al menos, estabilidad económica.

A pesar del panorama gris, hay una lucecita al final del túnel que parpadea tímidamente. Al parecer, los inversionistas extranjeros están empezando a ver que el país podría enderezar el rumbo, pues el riesgo percibido ha disminuido un poco. Si Colombia logra recuperar el paso y crecer como antes de la pandemia, el premio gordo, junto a sus vecinos, podría ser de unos 100.000 millones de dólares. Con eso alcanzaría para pagar un par de cuotas de la tarjeta y hasta sobraría para la gaseosa.

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