Anuncian un paquete económico de Jauja, mientras miles de empresas andan de sabático fiscal

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¡Atención, ciudadanos con la cartera temblando! El gobierno ha sacado de la chistera el Paquete Económico 2027, un documento tan optimista que parece escrito por un motivador personal después de tres cafés. La promesa es clara y directa, como oferta de madrugada: no habrá nuevos impuestos ni los temidos gasolinazos que vacían el tanque y el alma. Básicamente, nos dicen que podemos seguir respirando tranquilos, al menos hasta que nos llegue el recibo de la luz.

Pero esperen, que aún hay más en esta feria de la abundancia. Como si fuera una venta nocturna, se anunciaron aumentos presupuestarios para todo el mundo: educación se lleva un 10.7%, ciencia un 13% y salud un 11.3%. Mientras tanto, la seguridad obtiene un 11.5% y el campo se lleva el premio gordo con un jugoso 20.6%, como para que siembren árboles de billetes y cosechen aguacates de oro.

Y para que nadie se quede con hambre de subsidios, los sagrados Programas para el Bienestar no solo están a salvo, sino que recibirán un aumento por encima de la inflación. Esta es la garantía de que la ayuda seguirá fluyendo, pase lo que pase, como el chisme en la oficina. Se asegura que la Constitución se cumplirá al pie de la letra, una afirmación que suena tan reconfortante como cuando tu mecánico te dice «esto ya quedó».

Ahora, sobre el combustible, nos juran y perjuran que no hay truco, sino «trazabilidad». Dicen que no es un nuevo impuesto, sino que ahora van a seguir el rastro de cada gota de gasolina desde que nace hasta que llega a tu auto. El fisco se ha puesto su gabardina y su lupa para verificar que los litros que entran al país sean los mismos que se venden, un misterio digno de detective de barrio.

Pero aquí viene la mejor parte del chiste, el remate que nadie vio venir. Mientras el gobierno planea este mundo de caramelo, resulta que hay 54,000 empresas que llevan cinco años sin soltar un miserable peso de impuestos. ¡Cinco años! Eso no es evasión, es un doctorado en hacerse invisible para la autoridad fiscal.

Y por si fuera poco, otras 129,000 compañías llevan tres años seguidos declarando más pérdidas que un casino de mala muerte. Así que ya lo sabe: el plan es responsable y está lleno de buenas intenciones. Un plan tan sólido como la promesa de «mañana empiezo la dieta», mientras media fiesta se está comiendo el pastel sin haber sido invitada.

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