Parece que alguien le contó un chiste de mal gusto a las bolsas asiáticas, porque se fueron de bruces siguiendo la pésima racha de sus colegas en Estados Unidos. El culpable de este drama financiero no es otro que el precio del petróleo, que decidió escalar más rápido que un chismoso subiendo una escalera para oír mejor. La preocupación por la inflación se ha disparado, provocando que los inversores corran en círculos como si el suelo quemara.
Y para echarle más leña al fuego, o en este caso, más gasolina, Irán salió a declarar que está más que listo para una pelea de barrio a gran escala. Esta bravuconada hizo que el barril de crudo Brent coqueteara con los 102 dólares, un precio que normalmente solo ves en la cuenta de un restaurante con estrellas Michelin y porciones de juguete. Aunque luego el precio se arrepintió y bajó un poco, el susto ya nadie se lo quita a los mercados.
Mientras tanto, en Estados Unidos, el gobierno intentó calmar las aguas con un plan de compra de deuda de hasta 6,000 millones de dólares. Pero los inversores, en un desplante digno de una telenovela, consideraron que la cifra era una propina y se decepcionaron profundamente. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años se quedó terco cerca del 4.85%, para disgusto de los que esperaban un rescate mucho más espectacular.
Ahora todo el planeta financiero está mordiéndose las uñas, esperando el informe de inflación de Estados Unidos como si fuera el último capítulo de su serie favorita. Este papelito decidirá si la Reserva Federal le sube el castigo a todo el mundo con tasas de interés más altas, convirtiendo el crédito en un artículo de lujo. La tensión es tan alta que se podría cortar con un cuchillo de plástico.
En medio de este caos, Donald Trump prometió regalar 5,000 dólares a cada adulto si su partido gana, un anuncio que fue recibido con el mismo entusiasmo que una invitación para ayudar en una mudanza un sábado por la mañana. Los mercados básicamente lo ignoraron, más preocupados por los números reales que por promesas que suenan a concurso de televisión.
Así que, con el dólar más débil que excusa de político y todos esperando el veredicto del Banco Central Europeo, el panorama es un circo de tres pistas. La prima de riesgo está más presente que nunca, demostrando que la economía mundial es tan estable como un flan en una lavadora. ¡Hagan sus apuestas



