Sonaron las alarmas en el club de los nerds globales: México retrocedió en la prueba PISA 2025. Mientras analistas se rasgaban las vestiduras por el lugar 64 de 91 países, la SEP, con calma de monje zen, diagnosticó al mundo entero: una severa sobredosis de pantallas y falta de imaginación.
El titular de la SEP, Mario Delgado, explicó que el descenso no es un drama local, sino una pandemia de pulgares pegados al celular. Con una caída de 7 puntos en matemáticas, donde casi 7 de cada 10 estudiantes no alcanzaron el nivel mínimo, Delgado señaló lo obvio: es difícil resolver un trinomio mientras ves memes de gatitos. No es una falla del sistema, es una evolución cultural que el anticuado examen PISA, con sus ábacos imaginarios, simplemente no comprende. Mientras el examen buscaba robots calculadores, la Nueva Escuela Mexicana (NEM) está forjando creadores de proyectos. Delgado explicó que se acabaron los maestros dictadores y la memorización forzada. De hecho, la presidenta Sheinbaum respaldó el modelo proyectando un video de Andreas Schleicher, director de la OCDE, quien reconoció la resiliencia del país. La prueba, con una representatividad del 67% de los jóvenes, mostró alumnos con una confianza en sus maestros superior al promedio. Un éxito que no cabe en ninguna gráfica de barras.
Así que, aunque los puntajes en matemáticas se parezcan a los de 2003, no es un retroceso de dos décadas. Es la prueba definitiva de que el sistema educativo ya no compite en las olimpiadas de la repetición. México está jugando un deporte completamente diferente, uno donde la curiosidad vale más que las ecuaciones.



