El gobierno desempolva una base de datos más chueca que político en campaña para ‘limpiar’ las elecciones

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En un giro argumental digno de la peor telenovela de las tres de la tarde, el gobierno de los Estados Unidos le ha suplicado a la Corte Suprema que le deje usar su nuevo juguetito: una base de datos de inmigración que, según los que saben, es menos fiable que la promesa de «yo te llamo». La idea es usar este engendro informático para «verificar» las listas de votantes, justo a tiempo para las elecciones de noviembre, en una movida que huele a pánico electoral desde aquí hasta la Patagonia.

Los abogados del Tío Sam, con la seriedad de quien intenta defender lo indefendible, alegan que sin su maravillosa base de datos, la «integridad de las elecciones» está en más peligro que un helado en el desierto. Aseguran que es su deber sagrado usar los datos de la Seguridad Social para confirmar quién es ciudadano y quién no, porque aparentemente, los estados son incapaces de hacerlo sin la ayuda de un programa que fue ensamblado con cinta adhesiva y buenos deseos. Todo esto mientras los colegas republicanos del entonces presidente Donald Trump están más nerviosos que un testigo falso, luchando por no perder el control del Congreso.

El meollo del asunto es una cosa llamada «SAVE», un nombre que suena a superhéroe pero que al parecer tiene la precisión de un escopetazo a una mosca. El año pasado le dieron una «manita de gato» a este sistema, permitiéndole revisar montones de registros a la vez. Desde entonces, varios estados republicanos se lanzaron sobre él como si fuera la última botella de agua en un apocalipsis zombi, cruzando sus padrones electorales y cancelando registros de gente que el sistema etiquetó como «no ciudadano», a veces con la misma lógica con la que tu tía comparte noticias falsas en Facebook.

Claro, los aguafiestas de siempre salieron a decir que esto no es por seguridad, sino un intento de sacar ventaja adelgazando el padrón electoral como si fuera dieta de año nuevo. El riesgo, dicen, es dejar sin voto a ciudadanos legítimos que, ¡qué casualidad!, suelen inclinarse por el bando contrario. Los grupos que demandaron para frenar este circo afirman que el sistema es tan preciso que ya ha purgado a inmigrantes naturalizados que tienen más derecho a votar que el propio sistema a existir, demostrando que la tecnología, en manos de políticos desesperados, es más peligrosa que un mono con navaja.

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