La bolsa gringa ignora la inflación como tú ignoras la llamada del banco

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Mientras usted le reza a todos los santos para que el litro de gasolina no siga subiendo y su sueldo rinda como si tuviera superpoderes, en Estados Unidos la bolsa de valores vive en una fiesta perpetua. A pesar de que la inflación amenaza con comérselo todo y el petróleo cuesta más que un riñón en el mercado negro (más de 90 dólares el barril), el índice S&P 500 anda campante, a solo un 1% de su máximo histórico. Es como ver a alguien bailando con audífonos en medio de un incendio.

El secreto de esta felicidad a prueba de balas parece ser un optimismo más terco que una mula. Según un índice de Citigroup, los analistas llevan 21 semanas seguidas subiendo sus pronósticos de ganancias para las empresas, como si estuvieran compitiendo para ver quién es más positivo. Esta es la racha de buenas vibras más larga desde septiembre de 2021, preparando el terreno para que las corporaciones presenten resultados tan buenos que parecerán ciencia ficción.

Los expertos, con la corbata bien ajustada, intentan explicar este disparate. Marija Veitmane, de State Street, asegura que los inversores se están fijando en los «factores microeconómicos», que es la forma elegante de decir: «No mires el huracán que se acerca, mejor enfócate en lo bonita que está la florecita del jardín». Por su parte, Keith Parker, de UBS, admite que es «muy inusual» que las previsiones de ganancias suban casi un 4% en solo dos meses, con la misma sorpresa de quien descubre que su gato sabe usar el control remoto.

Normalmente, cuando suben las tasas de interés, las acciones se asustan y corren a esconderse debajo de la cama, porque el crédito se vuelve más caro que capricho de millonario. Pero esta vez no. El mercado ha visto el aumento de tasas y, en lugar de entrar en pánico, se ha encogido de hombros y ha pedido otra ronda. La lógica económica, al parecer, se fue de vacaciones y no dejó nota de cuándo vuelve.

Y como si fuera el último acto de un mago barato, ahora todos sacan de la chistera a la inteligencia artificial. Expertos como Willem Sels, de HSBC, afirman que el verdadero potencial de la IA para hacer llover dinero ni siquiera se ha empezado a reflejar en el precio de las acciones. Es la excusa perfecta: si la realidad no cuadra, solo hay que decir que los robots del futuro vendrán a arreglarlo todo.

Así que ya sabe, no se preocupe por su cartera vacía o por tener que vender un órgano para llenar el tanque. En Wall Street, la fiesta sigue y, al parecer, la cuenta la pagará un algoritmo muy listo en algún momento del futuro. O eso dicen, mientras la música siga sonando.

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