El yen se inyecta esteroides y el petróleo sube más que la cuenta del gas

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El mundo de las finanzas amaneció más revuelto que licuado de plátano con frijoles. Resulta que el yen japonés, esa moneda que usualmente tiene la emoción de ver secar pintura, de repente se puso los pantalones y alcanzó su nivel más alto desde febrero. La divisa nipona se apreció un 1%, llegando a las 152,89 unidades por dólar, como si se hubiera enterado de que su ex va a la misma fiesta y tenía que lucir espectacular.

¿Y a qué se debe este arranque de dignidad monetaria? Pues al parecer, el Banco de Japón está harto de regalar el dinero y planea subir las tasas de interés la próxima semana. A esto se suma que los salarios en Japón tuvieron su mayor aumento en casi tres décadas, demostrando que los milagros existen, aunque tarden treinta años en llegar. Los japoneses por fin tendrán para algo más que sopas instantáneas.

Mientras tanto, en otra esquina del manicomio económico, el petróleo sigue su escalada como si quisiera saludar a los satélites. El crudo Brent, el que usan de referencia los que saben, subió un 1% hasta los 97,46 dólares por barril. Esto tiene a los mercados más tensos que un arquero en tanda de penales, gracias a la fuerte demanda de China y a un acuerdo sospechoso entre Irán y Omán en el Estrecho de Ormuz.

Como era de esperarse, las bolsas de valores reaccionaron con la alegría de quien recibe una multa de tránsito. La mayoría de los mercados asiáticos se pintaron de rojo, mientras los futuros en Estados Unidos indicaban un día de bostezos y pérdidas. Una estratega llamada Anastasia Amoroso básicamente dijo que la fiesta se está acabando y que los bancos centrales están a punto de pasar la aspiradora y apagar la música.

En el rincón de los metales preciosos, la cosa se puso extraña. El cobre alcanzó otro máximo histórico, llegando a la absurda cifra de 14.617 dólares por tonelada, porque la escasez lo ha vuelto más deseado que el último aguacate bueno del supermercado. Por su parte, el oro se fumó algo exótico y decidió que ahora vale 4.420 dólares la onza, aprovechando que el dólar anda de capa caída.

Para cerrar con broche de oro, los estrategas de JPMorgan, desde sus cómodas sillas de piel, nos dan un consejo de vida: «aprovechen las caídas para comprar». Claro que sí, campeones. Usaremos el dinero que nos sobra después de pagar la gasolina a precio de perfume importado para seguirles el juego. ¡Qué gran idea

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