Trump se cree el dueño del mapa y a Islandia casi le da un patatús diplomático

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En un episodio que demuestra que algunos exmandatarios tienen demasiado tiempo libre y acceso a internet, Donald Trump decidió jugar una partida de *Risk* en la vida real, pero usando su red social en lugar de un tablero. El magnate publicó un mapa donde, con la sutileza de un elefante en una cristalería, pintó medio continente con la bandera de Estados Unidos, anexándose a Canadá, México, Centroamérica y, para colmo, a Islandia. Todo bajo el modesto título de «Estados Unidos de América», porque la humildad es para los pobres.

Como era de esperarse, en Islandia no les hizo ni pizca de gracia despertar y descubrir que ahora eran, según un meme de Truth Social, el estado número 51. La ministra de Asuntos Exteriores, sintiendo que la situación era más surrealista que una película de Buñuel, le llamó a capítulo al nuevo embajador gringo. El pobre hombre, que apenas estaba aprendiendo a pedir café en islandés, tuvo que ir a la dirección a recibir un regaño por una publicación que parecía hecha en Paint por un becario aburrido. Le dijeron claramente que su jefe virtual se había pasado tres pueblos y que dejaran de jugar a la conquista del mundo.

Este arrebato cartográfico no es nuevo. Trump lleva años con la fijación de que Groenlandia sería una excelente adición a su carrito de compras inmobiliario, algo que a los daneses les tiene hasta el copete. La insistencia ha sido tal que en Islandia ya veían a Estados Unidos con la misma confianza que uno le tiene a un prestamista con dientes de oro. De hecho, el tema de la fiabilidad yanqui fue uno de los argumentos para considerar arrimarse más a la Unión Europea, aunque al final el bolsillo pesó más que el miedo a ser coloreados en un mapa.

Y como en río revuelto ganancia de pescadores, mientras Trump andaba de diseñador gráfico, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se apareció en Groenlandia no con un mapa, sino con un cheque de 200 millones de euros. Una jugada maestra que se traduce en: «Mientras unos te mandan memes, nosotros te traemos el aguinaldo». La primera ministra danesa lo dejó clarito, como para que hasta el más despistado entienda: «Groenlandia ha dicho que no quiere ser estadounidense. A ver si ya le van bajando a su fantasía». El mensaje es contundente: dejen de enviar mapas y mejor manden chocolates. O dinero. El dinero siempre es bienvenido.

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