Noruega le hace la cobra a los bonos gringos y ahora coquetea con Japón

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Imagínate tener un colchón de 2,3 billones de dólares, una cantidad de dinero tan absurda que podrías comprar un país pequeño y usarlo de cenicero. Pues bien, el fondo soberano de Noruega, que básicamente nada en billetes como Rico McPato, ha decidido que su relación con los bonos del Tesoro de Estados Unidos ya es más tóxica que la de tus tíos en la cena de Navidad. Por eso, le ha propuesto al gobierno noruego cortar por lo sano y empezar a ver con otros ojos a la deuda japonesa.

Según los analistas con corbata de Deutsche Bank, esto es como si tu pareja de toda la vida, la que parecía súper estable, de repente empezara a apostar en peleas de gallos. Noruega se dio cuenta de que prestarle dinero al gobierno gringo ya no es el negocio seguro que era antes; ahora tiene más riesgo que dejar la cartera al lado de un político en campaña. El país de las barras y estrellas está financiando sus deudas con métodos cada vez más raros, y los noruegos no están para esos sustos.

Así que, ¿quién es el nuevo interés amoroso en este culebrón financiero? Nada menos que Japón. A pesar de que Japón debe más dinero que un ludópata en Las Vegas, los noruegos y otros expertos están empezando a ver que su enorme mercado es más sólido de lo que parece. Es el equivalente a descubrir que ese amigo callado y endeudado en realidad tiene una colección de arte que vale una fortuna. De repente, todos quieren ser sus amigos.

Este drama no es solo un chisme de pasillo entre millonarios. El movimiento de Noruega es una señal para el resto del mundo, como cuando el más popular de la clase empieza a usar una marca nueva y de pronto todos la quieren. Los grandes inversores están abriendo los ojos y buscando nuevos horizontes para no tener todos sus huevos en la canasta estadounidense, que ya parece tener más agujeros que un colador.

Al final, lo importante no es tanto la cantidad de plata que Noruega mueva, sino el mensaje que envía: Estados Unidos ya no es el único galán de la fiesta. La diversificación es la nueva moda y el yen japonés podría ser el próximo en brillar en la pista de baile. Mientras tanto, el director del fondo dice sentirse «un poco nervioso», lo que prueba que manejar más dinero que el PIB de medio mundo te pone tan tenso como tratar de armar un mueble de IKEA sin el manual.

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