El cobre bate récord histórico y ahora exige que le hablen de usted

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Olvídense del oro, los diamantes y esas criptomonedas que su primo insiste en que son el futuro. La nueva estrella del rock en el mundo de las finanzas es, increíblemente, el cobre. Sí, ese mismo metal con el que están hechos los cables de su licuadora y las tuberías viejas de la casa de su abuela. Resulta que su precio se ha disparado a niveles nunca antes vistos en la Bolsa de Metales de Londres, alcanzando un estatus de celebridad que ni él mismo se esperaba.

El culpable de este alboroto tiene nombre y un peinado inconfundible: Donald Trump. La sola expectativa de que el expresidente decida ampliar los aranceles a las importaciones de este metal en Estados Unidos ha provocado una estampida. El mercado actúa como si hubieran anunciado el último concierto de una banda legendaria, con todos corriendo para conseguir su pedazo antes de que se agote o se vuelva impagable.

Para que se haga una idea del disparate, los futuros del cobre subieron hasta los 14.533 dólares por tonelada, superando su récord anterior. Esto representa un avance del 17% en el último año, una cifra que deja en ridículo los rendimientos de cualquier pobre diablo con un plazo fijo en el banco. A este ritmo, pronto tendremos que pedir un crédito para cambiar el cableado de la casa.

Pero el drama no es solo un capricho político de corto plazo. Detrás de todo esto hay un problema de fondo: el mundo moderno tiene un hambre insaciable de cobre para sus centros de datos, sus cachivaches de energía renovable y sus redes eléctricas. Mientras tanto, las grandes minas del mundo están más viejas y cansadas que un rockero en su quinta gira de despedida, y simplemente no dan abasto para satisfacer tanta demanda.

Mientras los peces gordos deciden el futuro del metal, los listillos de siempre ya olieron el negocio. Cientos de miles de toneladas de cobre han sido enviadas a Estados Unidos por comerciantes que esperan forrarse si los precios se disparan con los aranceles. Es la versión industrial de comprar todo el papel higiénico al inicio de una crisis, una apuesta especulativa de proporciones épicas.

Así que mientras el Departamento de Comercio le pasa la pelota a la Casa Blanca, el mercado entero aguanta la respiración como en final de telenovela. Mientras tanto, vaya revisando los cables de su tostadora, que a lo mejor tiene ahí guardada la entrada para su próxima casa. Con estos precios, todo es posible.

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