El yerno de Trump intenta apagar un incendio con gasolina y lo llama un plan de paz

Must read

Imagínate que para arreglar el apocalipsis zombi, en lugar de llamar a un experto en supervivencia, contratas a dos vendedores de condominios de lujo con más gomina en el pelo que sentido común. Pues más o menos así fue la visita de Jared Kushner, el yerno-para-todo de Donald Trump, y su colega Steve Witkoff a Ucrania. Aterrizaron en Kiev con la misión divina de terminar una guerra, probablemente porque su suegro les prometió que si lo lograban en 24 horas, les compraba un poni.

Estos dos genios de la diplomacia, que parecen sacados de un catálogo de ropa para jugar al golf, anunciaron haber tenido «conversaciones significativas» con Zelenski. Lo que en lenguaje de gente normal significa que encontraron el baño sin perderse y lograron no derramar el café sobre los mapas militares. Como gesto de buena voluntad, Putin y Zelenski acordaron una tregua de tres días en sus capitales, una especie de «tiempo fuera» como el que le das a un niño de cinco años antes de que le estampe un juguete en la cabeza a su hermano. Un alto al fuego tan creíble como un político prometiendo no robar.

Kushner, con la confianza de quien acaba de cerrar la venta de un ático en Miami, declaró que aprendió mucho y que se «despejaron nuevas pistas». Probablemente descubrió que la guerra no se soluciona ofreciendo un descuento en la compra de Crimea al por mayor. Mientras tanto, Trump, desde su trono dorado, insiste en que tiene «una idea para la paz», que seguramente consiste en construir un muro gigante entre Rusia y Ucrania y hacer que los marcianos lo paguen.

La gente en Kiev, por supuesto, está que no cabe en sí de la emoción. Un chaval de 29 años, Iaroslav, se mostró tan entusiasmado como si le anunciaran que tiene que hacer la declaración de la renta otra vez. «Ya ha habido más negociaciones que temporadas de una telenovela turca», comentó con el optimismo de quien espera el autobús bajo un diluvio. Por otro lado, una señora de 67 años dijo que la visita era «absolutamente necesaria», demostrando que la desesperación te puede llevar a confiar hasta en el coyote para que cuide de las gallinas.

Para rematar el circo, mientras estos titanes del negocio inmobiliario hablaban de paz, amor y comisiones, Rusia y Ucrania se entretenían lanzándose cientos de drones mutuamente, como si estuvieran jugando al «Hundir la Flota» a escala real. El Kremlin calificó la reunión con los enviados de «constructiva y basada en la confianza», lo que se traduce como: «Nos reímos un rato, nos aseguramos de que no llevaban micrófonos y les dimos un folleto turístico de Moscú». Al final, todo este viaje parece más una excusa para que Kushner y Witkoff buscaran terrenos para un futuro campo de golf post-guerra. El plan de paz, de momento, sigue siendo tan secreto y efectivo como la receta de la Coca-Cola.

More articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img

Latest article