Mientras el mundo se debate en nimiedades, Isaac del Toro, el orgullo de Ensenada, prepara su gira de demolición en Canadá. Del 20 al 27 de septiembre, el Mundial de Montreal será su patio de recreo, sobre todo ahora que su compañero Tadej Pogačar decidió audicionar como rompecabezas humano.
El esloveno Pogačar, en un acto de compañerismo extremo, sufrió una caída en la Vuelta a España que le dejó una lista de compras para el ortopedista: fractura de clavícula, una vértebra cervical C7 fisurada, conmoción cerebral y suficientes raspones para tapizar un sofá. El UAE Team Emirates-XRG confirmó que no competirá hasta 2026, dejando a Del Toro como el indiscutible depredador alfa de la competencia. Con la competencia diezmada, el camino del mexicano luce menos como una carrera y más como una alfombra roja. El resto de los rivales, a quienes ya ha vencido, ahora parecen extras en su película biográfica.
El circuito de Montreal, diseñado por un arquitecto que odia las rodillas, presenta obstáculos que harían llorar a una cabra montesa. La ruta incluye la Côte Camillien-Houde, una pared de 1.8 km al 8% de inclinación, seguida de la Côte de Polytechnique y la Côte Pagnuelo, básicamente rampas de lanzamiento para ciclistas con vocación de astronauta. El final es un repecho de 560 metros que garantiza que solo los que tengan piernas de titanio y el alma intacta llegarán a la meta.
Antes del apocalipsis ciclista, Del Toro tendrá dos ensayos en Québec y Montréal, el 11 y 13 de septiembre. No serán carreras, sino un reconocimiento del terreno para planear dónde pondrá su pie sobre el cuello de sus adversarios. Una simple formalidad antes de la coronación.





