En un evento que desafió las leyes de la física política, donde dos gobiernos suelen mirarse con recelo, la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Samuel García protagonizaron un festival de abrazos y proyectos. El 6 de septiembre en Monterrey, la diplomacia se midió en toneladas de concreto y kilómetros de vías.
La visita, parte del Segundo Informe de Gobierno, ocurrió en la Explanada de los Héroes. Aunque García recibió a Sheinbaum en el Palacio de Gobierno, su ausencia en el estrado fue un detalle acordado, probablemente para no deslumbrar al público con tanto brillo colaborativo. La presidenta, en modo hada madrina de la infraestructura, anunció formalmente el tren de pasajeros Saltillo-Nuevo Laredo, un Hospital del IMSS en Santa Catarina que ya presume un 22% de avance, y la construcción de casi ochenta mil viviendas para la gente buena del norte. La cascada de beneficios no paró ahí.
El gobernador, quien parecía haber recibido el pony que siempre quiso, corrió a sus redes sociales para agradecer la lluvia de regalos federales. En un video, explicó con la emoción de un niño con juguete nuevo cómo el tren se conectaría con el Metro. Sheinbaum también detalló apoyos para 583 mil adultos mayores, becas para más de 140 mil estudiantes y hasta leche para casi 80 mil familias, asegurando que nadie se quedara sin su rebanada del pastel presupuestal. La coordinación fue tan perfecta que parecía coreografiada por profesionales.
Mientras Sheinbaum reafirmaba con serenidad su política de cooperación con Estados Unidos pero sin subordinación, en casa demostraba que la mejor diplomacia es la que llega con recursos. Al final, partió hacia Coahuila, dejando a un gobernador sonriente haciendo videos y a un estado con más obras en marcha que una colonia de castores con exceso de cafeína.





