En un movimiento digno de un estudiante esperando al director para acusar a un compañero, el alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, aprovechó la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum. Justo cuando ella presentaba su informe este domingo, el edil desempolvó la pluma y el papel membretado para pedir ayuda.
La misiva, escrita con tinta de “urgencia dramática”, solicitaba al Gobierno de México que investigara la supuesta «crisis institucional» de Samuel García. De la Garza, cual fiscal de patio de recreo, acusó a García de confrontación permanente, de llevar meses sin Tesorero Estatal y de un desorden presupuestario que acumula cuatro años. Básicamente, una lista de quejas que incluía todo menos el robo de su almuerzo. Además, mencionó líos en Agua y Drenaje y la Red Estatal de Autopistas, insinuando un uso discrecional de recursos que haría sonrojar a un pirata con parche y pata de palo. Esta maniobra epistolar ocurrió justo después de que el alcalde fuera aclamado en el Congreso local por un grupo que coreaba “¡Adrián gobernador!”, añadiendo un toque de musical de preparatoria a la telenovela.
Mientras el edil detallaba una deuda de 320 millones de pesos y otros agravios, la presidenta Sheinbaum continuaba serena con su agenda. Su equipo, con la destreza de un portero de discoteca, seguramente archivó el asunto en la carpeta de «dramas locales con mucho potencial para meme», permitiéndole enfocarse en temas de auténtica relevancia nacional.
De la Garza concluyó su llamado para recuperar la legalidad y la certeza jurídica. Mientras tanto, en el resto del país, la gente se pregunta si en Nuevo León el drama político es el deporte extremo local, una disciplina que requiere más aguante que armar un mueble sueco sin que sobre un solo tornillo.





