La Reserva Federal informó que la actividad económica de Estados Unidos avanzó de forma modesta en las últimas semanas, mientras el empleo creció apenas un poco y los precios subieron con moderación. El informe, conocido como Libro Beige, presenta resultados tan dispares que difícilmente ayudará a los responsables de la política monetaria a decidir si subir las tasas en la reunión del 15 y 16 de septiembre. La confianza aparece repartida de manera irregular entre sectores, con mayor incertidumbre por el precio de la energía, la política y los conflictos internacionales.
El ritmo de los aumentos de precios se ralentizó en tres de los doce distritos de la Fed, subió en uno solo y se mantuvo sin cambios en los ocho restantes. Algunos interlocutores señalaron que los consumidores se volvieron más sensibles a los precios y eso limita la capacidad de las empresas para trasladar los costos de los insumos. Esta situación genera un panorama donde nadie termina de entender si la inflación se controla o simplemente se disimula por el momento.
En la reunión de julio la Fed mantuvo la tasa de referencia entre 3.50 y 3.75 por ciento, el mismo nivel desde diciembre. Cinco de los diecinueve responsables de política monetaria consideran que ya debería haberse producido un aumento, mientras que varios más esperan ver mayor mejora en la inflación antes de apoyar que todo siga igual. El resultado es una mezcla de opiniones que parece más un café sin azúcar que una decisión clara.
Las perspectivas generales para los próximos meses se ven positivas, pero la confianza varía tanto entre sectores que el informe termina pareciendo un diagnóstico médico incompleto. La Fed recopiló datos cualitativos de sus doce bancos regionales para ofrecer una visión actualizada, aunque el documento no logra inclinar la balanza hacia ninguna postura concreta sobre las tasas. Los analistas destacan que la sensibilidad de los clientes está frenando los ajustes de precios en varios distritos.
El empleo creció ligeramente y la actividad económica avanzó con timidez, lo que deja a los banqueros preguntándose si vale la pena mover las tasas o esperar a ver cómo evoluciona todo. El Libro Beige muestra que la inflación no avanza al mismo ritmo en todas partes y que algunos consumidores ya protestan cuando suben los precios. Esta combinación de señales débiles y opiniones divididas convierte la próxima reunión en una apuesta donde nadie quiere perder la cara.
En resumen, el informe confirma que la economía avanza como quien camina descalzo sobre baldosas calientes, sin que nadie sepa si conviene acelerar o quedarse quieto. Los responsables de la política monetaria tendrán que decidir con datos que no convencen del todo a nadie. Mientras tanto, los consumidores siguen pagando más por todo sin que el empleo les dé mucho margen para quejarse.





