En el mundo de los millonarios, los cambios de trabajo no se celebran con una modesta fiesta de despedida, sino con paquetes de compensación que harían llorar a un cajero automático. Apple acaba de anunciar el cambio de guardia más lucrativo de la historia de los ascensos de oficina: Tim Cook, después de un reinado de 15 años en el que hizo que las acciones subieran un 2.200%, le entrega las llaves del reino a John Ternus, junto con un modesto cheque de 58 millones de dólares para el próximo año.
Pero no se preocupen por el pobre Tim Cook. Ahora que pasa a ser «presidente ejecutivo», un título que suena a jubilación glorificada, tendrá que arreglárselas con la miserable suma de 47 millones de dólares al año. Su salario se reduce de 3 a 2 millones, un recorte tan doloroso que probablemente tendrá que cancelar su suscripción a alguna plataforma de contenidos o, peor aún, comprar un modelo de iPhone del año pasado. Su anterior paquete, como director general, fue de 74,3 millones, así que se entiende su sufrimiento.
El nuevo rey, Ternus, de 51 años, recibirá un paquete de bienvenida que incluye un salario base de 3 millones y 55 millones en acciones. Pero hay truco: tres cuartas partes de ese botín dependen de que las acciones de Apple rindan más que el resto de los mortales del índice S&P 500. Básicamente, le pagan una fortuna con la condición de que siga fabricando fortunas. Una presión que seguro no le dejará dormir en su cama de sábanas de seda egipcia.
Lo más gracioso es que a Cook, en su nuevo rol de sabio jubilado, solo le exigen que la mitad de su paquete de acciones dependa del rendimiento. La otra mitad se la dan por el simple hecho de seguir respirando y no vender sus acciones en un ataque de pánico. Es el mejor trabajo del mundo: recibir 45 millones de dólares en acciones por presidir reuniones y probablemente recordarles a todos «en mis tiempos, esto no era así».
Para ponerle la guinda al pastel de la opulencia, estas cifras ni siquiera incluyen las posibles bonificaciones en efectivo, que suelen ser el doble del salario base. Así que mientras usted revisa si le alcanza para el aguacate, en Cupertino están decidiendo si el nuevo jet privado de los ejecutivos debe tener grifos de oro o de platino. Una vida de decisiones difíciles.





