Nokia regresa al club de los ricos mientras Volkswagen es degradado a la mesa de los niños

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El mundo de las acciones europeas acaba de vivir su propia versión de un reality show de eliminación, y los resultados son más jugosos que un chisme de oficina. El exclusivo club Euro Stoxx 50, que agrupa a las empresas más importantes de la zona euro, ha decidido renovar su lista de miembros. En un giro de guion espectacular, el fabricante de equipos Nokia ha sido invitado de nuevo a la fiesta, mientras que el gigante automotriz Volkswagen ha sido educadamente acompañado a la puerta de salida, en la señal más clara de que los coches ya no son tan populares como antes.

El fabricante finlandés, al que muchos daban por muerto y enterrado junto a sus teléfonos indestructibles, ha resucitado cual ave fénix tecnológica. Sus acciones se han más que duplicado en el último año gracias a que apostaron todo al rojo de la inteligencia artificial y la infraestructura en la nube, y les salió bien la jugada. Es el regreso más triunfal desde que tu banda favorita de los 90 se reunió para una gira y llenó estadios, demostrando que nunca es tarde para reinventarse, incluso si tu principal legado es un teléfono que podía sobrevivir al apocalipsis.

Mientras tanto, en el rincón de los perdedores, Volkswagen hace las maletas con la cabeza gacha. El pobre fabricante alemán ha tenido un año de perros, lidiando con una competencia china que le come el mandado, problemas para recortar gastos y una transición a los vehículos eléctricos que le está costando más cara que un divorcio. Con su salida, en el selecto club automovilístico del índice solo quedan BMW, Mercedes-Benz y el niño rico del grupo, Ferrari, que probablemente miran desde la barra con una copa de champán.

Pero la fiesta de cambios no termina ahí. La empresa de servicios públicos Engie también se cuela en la celebración, con sus acciones subiendo casi un 40% porque, al parecer, la volatilidad del mercado y la demanda de energía para la inteligencia artificial son un negocio redondo. En el otro extremo, la firma de servicios de información Wolters Kluwer fue expulsada, aparentemente porque la inteligencia artificial ya hace su trabajo mejor y más barato. Es la cruda realidad del siglo XXI: o te unes a los robots, o te reemplazan.

Y, ¿por qué tanto alboroto por entrar en una lista? Porque la creciente popularidad de los fondos pasivos significa que estar en el índice obliga a un montón de dinero automático a comprar tus acciones, te lo merezcas o no. Es el equivalente a que te pongan en la portada de una revista de moda: de repente, todo el mundo te quiere. El año pasado le tocó a Stellantis ser el expulsado, demostrando que en el despiadado juego de la bolsa, la gloria es tan efímera como una historia de Instagram.

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