La Asamblea Nacional de Venezuela, ese lugar donde las votaciones suelen salir más cantadas que karaoke de madrugada, aprobó el martes una reformita puntual a la Ley del Tribunal Supremo de Justicia. El objetivo: agrandar el comité que escogerá a los nuevos magistrados de la máxima corte. De 21 miembros pasan a 23. Como quien dice: si el asado se pone tenso, mejor invitar a dos primos más para que la pelea se diluya entre más gente.
Once diputados y doce representantes de la “sociedad civil” formarán ese comité de postulaciones. Ellos evaluarán, preseleccionarán y presentarán la lista de aspirantes a un total de 32 jueces. Todo esto forma parte del diálogo que el Gobierno y una delegación opositora arrancaron en agosto, con el visto bueno de Estados Unidos, para retocar el sistema político de cara a futuras elecciones. Renovar el Tribunal Supremo es uno de los platos fuertes del menú, porque el actual está tan vinculado al oficialismo como el sofá de la abuela al control remoto.
Los opositores y analistas recuerdan que este TSJ ha firmado fallos de esos que dejan la boca abierta: anular derechos políticos a varios líderes contrarios y proclamar la victoria de Nicolás Maduro en los disputados comicios de 2024. O sea, el árbitro del partido ya tenía el silbato bastante gastado a favor de un solo equipo.
En mayo la Asamblea había nombrado una comisión para elegir magistrados, pero el proceso se frenó en seco apenas arrancó el nuevo diálogo. Ahora, con dos sillas extras y un comité más gordito, el oficialismo y la oposición fingen que están remodelando la cancha mientras el público mira desde la grada preguntándose si de verdad van a cambiar al juez o solo le van a poner una toga más nueva.
En resumen: más miembros en el comité, mismas promesas de renovación y la eterna sensación de que en Venezuela hasta agrandar una mesa de negociaciones se convierte en episodio de telenovela. Mientras tanto, los futuros magistrados esperan su turno como quien hace fila para un cargo público sabiendo que el resultado ya viene con spoiler incluido… aunque aquí, por supuesto, no usamos esa palabra.





