Francia multa la ropa barata que dura lo que un suspiro

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Menuda faena. Francia se ha plantado este martes como la suegra que entra en el salón y empieza a repartir hostias simbólicas: ha comenzado a imponer sanciones a los casos más extremos de esa moda ultrarrápida que vende trapos a precio de chicle y se deshace al segundo lavado. El objetivo es frenar el festival de camisetas y calzoncillos que vomitan sin parar sitios como Shein y Temu, esos supermercados digitales donde entras por un calcetín y sales con tres armarios enteros que no te caben ni en el trastero.

Las multitas forman parte de una ley aprobada en junio para intentar poner coto al desastre medioambiental de fabricar ropa como si no hubiera un mañana (ni un planeta). Van desde 0,25 euros por un par de bóxer o calcetines —o sea, casi lo que cuesta el propio producto— hasta 12 euros por un abrigo, con un tope del 50 % del precio de venta antes de impuestos. Es como cobrar peaje por cada prenda que se va a convertir en basura en tiempo récord. Y a partir de 2030 las sanciones subirán todavía más, calculadas con una fórmula que mira cuántos productos vendes, a qué precio y si se pueden reparar o son de usar-y-llorar.

A Shein la cosa le pilla en mal momento, porque encima se le ha acabado el chollo de los paquetes baratos sin aranceles en la Unión Europea y en Estados Unidos. Resultado: su valoración se fue al carajo justo antes de salir a bolsa en Hong Kong este martes. Ni Shein ni Temu han querido abrir la boca para comentar las sanciones. Aunque el portavoz de Shein en Francia, Quentin Ruffat, ya había soltado antes que estas multas solo van a joder al personal subiendo los precios. Claro, porque nada dice “cuidado con el planeta” como obligar a la gente a pagar un poco más por la camiseta que se transparenta a la primera.

Desde China el Ministerio de Comercio ha saltado como un resorte: dice que la ley francesa es discriminatoria, una barrera comercial y que podría estar faltando al respeto a las reglas de la Organización Mundial del Comercio. Típico choque de trenes entre quien fabrica a tutiplén y quien se ha cansado de barrer la basura textil.

Para que se hagan una idea del volumen: a 31 de marzo Shein tenía más de dos millones de artículos en catálogo y sacaba 4.700 modelos nuevos de ropa ¡cada día! Eso no es una tienda, es una fábrica de aludes de poliéster. Mientras tanto, a los europeos como Zara (de Inditex) o H&M, que ofrecen una carta más corta y no inundan el mundo a ese ritmo, no se les espera en el punto de mira. La organización francesa encargada de recoger y reutilizar textiles será la que pase la bandeja de las nuevas sanciones al importador o fabricante de turno, dentro de las normas europeas de responsabilidad ampliada del productor.

En resumen: Francia ha decidido que si vas a vender ropa que dura menos que la ilusión de una dieta de verano, vas a pagar por el destrozo. Shein y Temu siguen lanzando colecciones a velocidad de vértigo, China bufa y el armario colectivo sigue llenándose de prendas que mañana serán trapos de fregar. Como en toda buena comedia de adultos, alguien tenía que levantar la mano y decir “basta de confeti textil”. Ahora a ver quién paga la cuenta del reciclaje… o del desastre.

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