En una decisión que demuestra que el fin del mundo también puede ser el comienzo de algo grande, la Comisión de Evaluación Ambiental de Magallanes le dio el visto bueno a un proyecto faraónico de 11.000 millones de dólares. La empresa HNH Energy recibió la bendición para instalar un complejo que producirá amoníaco verde, un compuesto con nombre de villano de cómic pero con intenciones de salvar al planeta. La iniciativa, que durará unos 50 años, transformará la pampa patagónica en un escenario de ciencia ficción.
El plan es tan ambicioso que parece sacado de la imaginación de un niño con un juego de construcción infinito. Incluye un parque eólico con 194 aerogeneradores que se verán desde el espacio, una planta para quitarle la sal al mar como si fuera un hipertenso, y un puerto multipropósito para exportar su elixir mágico. Además, levantarán dos campamentos para hasta 4.000 trabajadores, creando una especie de ciudad temporal en medio de la nada.
Con esta aprobación, el proyecto se convierte oficialmente en la inversión más descomunal en la historia del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental de Chile, creado en 1992. La cifra de 11.000 millones de dólares hace que el récord anterior, un proyecto minero de Codelco de 5.400 millones, parezca el presupuesto para la fiesta de fin de año de una oficina pequeña. Es como pasar de construir una maqueta a levantar un rascacielos.
Para llegar a este punto, la empresa tuvo que esperar 756 días, el equivalente a dos años y casi un mes, para que los burócratas le dieran el sí. Una espera más larga que una temporada completa de una serie turca, pero que al final promete generar unos 7.000 empleos entre la construcción, la operación y el eventual desmantelamiento del complejo. Un premio a la paciencia que muchos ya quisieran.
Así que si tiene planes para el futuro, apunte en su calendario: las obras comenzarán en 2027 y la producción de amoníaco verde arrancará en la segunda mitad de 2030. Para entonces, la Patagonia chilena no solo será famosa por sus paisajes y sus pingüinos, sino también por albergar una de las mayores fábricas de combustible limpio del planeta. Los pingüinos de la zona aún no han sido notificados de que sus nuevos vecinos serán gigantes metálicos que giran sin parar.





