Washington. Los secretarios de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco, y de Estado, Marco Rubio, se sentaron en Washington a platicar de seguridad como quien organiza la sobremesa familiar: con la lista de pendientes más larga que fila del INE. En la mesa: tráfico de fentanilo y otras drogotas, armas y delincuencia organizada transnacional, ese combo que ya parece telenovela de las tres de la tarde.
Rubio aprovechó para soltar el recado de siempre y pidió medidas contundentes y decisivas para ponerle candado a la inmigración ilegal, como quien le grita al vecino que ya baje el volumen. El canciller mexicano, sin perder el estilo, reafirmó que hay que trabajar con visión conjunta basada en respeto a la soberanía, integridad territorial, responsabilidad compartida, confianza mutua y colaboración cerquita pero sin subordinación, o sea, de cuates que se prestan la sal pero nadie se queda a vivir en casa del otro.
El Departamento de Estado resumió el sermón de Rubio: hay que tomar medidas decisivas para frenar la inmigración ilegal, tapar el chorro de fentanilo y otras drogas hacia Estados Unidos, desmantelar organizaciones terroristas y cárteles extranjeros y dejarlos sin armas, como quien les quita los juguetes a los niños en plena rabieta. En la parte migratoria repasaron avances en la gestión de flujos, siguieron con las mesas de diálogo estratégico y pusieron el foco en la protección consular y el respeto estricto a los derechos humanos de los mexicanos en Estados Unidos durante sus procesos, ese capítulo que siempre termina con “y no se les olvide el pasaporte”.
De postre, el canciller también se vio con el subsecretario de Estado para Asuntos Económicos, Jacob Helberg, para hablar de innovación, inteligencia artificial, semiconductores y cadenas de suministro, temas que suenan a futuro brillante pero todavía huelen a café de máquina. Y con el subsecretario del Departamento de Seguridad Interior, Troy Edgar, dialogó sobre evitar que fallezcan personas mexicanas y seguir colaborando en los flujos migratorios, o sea, el recordatorio humano en medio del protocolo.
Así que el balance del día queda servido: apretones de manos, llamados a la contundencia, defensa de la soberanía y una agenda tan cargada que hasta el fentanilo pidió tiempo fuera. En esta telenovela de diplomacia, cárteles y mesas de diálogo, el único que todavía no ha firmado el acta es el sentido común… y ya va con la visa vencida.





