El presidente de Colombia, el derechista Abelardo de la Espriella, anunció este miércoles la extradición a Estados Unidos de dos líderes guerrilleros que andaban de negociadores de paz en el gobierno anterior, como quien cancela la fiesta y manda a los invitados directo al aeropuerto. Willinton Henao, alias Mocho Olmedo, y Geovany Andrés Rojas, alias Araña, ambos de disidencias de la extinta guerrilla de las FARC, habían sido detenidos en 2025 bajo el mandato del izquierdista Gustavo Petro. Su entrega se había quedado en pausa por las pláticas de paz… hasta que De la Espriella les bajó la cortina y dijo basta.
“He ordenado hacer efectiva la entrega y extradición a los Estados Unidos”, soltó el mandatario en comparecencia, con tono de quien cierra la cuenta y apaga la luz. De paso anunció la extradición de otras tres personas, porque total, ya estaba calentando la firmita. Admirador confeso de Donald Trump, el nuevo jefe colombiano trabaja codo a codo con Washington para doblegar a los grupos ilegales que se financian con el narcotráfico, ese negocio que en Colombia parece tener más sucursales que tienda de barrio.
El jefe del Comando Sur de Estados Unidos llegó este miércoles al país para reunirse con la nueva cúpula militar, justo después de que se autorizaran bombardeos conjuntos contra el narco el 12 de agosto. Nada como una visita de cortesía con olor a pólvora para romper el hielo.
Mocho Olmedo formaba parte del Frente 33 de una disidencia que opera en la frontera con Venezuela, zona donde un enfrentamiento con otra guerrilla en 2025 dejó miles de desplazados corriendo como en final de partido con lluvia. Araña, por su lado, era el líder de los Comandos de Frontera, una organización sangrienta dedicada al narcotráfico y otros delitos cerquita de Ecuador, de esas que convierten la frontera en vecindario sin reglamento de condominio. Ambos dieron la espalda al histórico acuerdo de paz de 2016 que desarmó a las FARC, entonces la guerrilla más poderosa de América, y ahora enfrentarán en Estados Unidos cargos de narcotráfico, porte de armas y narcoterrorismo.
Durante su mandato, el expresidente Petro (2022-2026) intentó sin éxito firmar la paz con los grupos que asolan el país a base de atentados, secuestros y asesinatos. En los últimos años, según analistas y fuentes militares, esos grupos engordaron filas como quien se pasa de tacos en la feria.
Así que el panorama queda claro: extradiciones exprés, admiración trumpista, militares gringos de visita y una paz que se quedó mirando el avión despegar. En esta telenovela de alias, fronteras y valijas diplomáticas, el único que todavía no ha pedido asilo es el diálogo… y ya le sellaron el pasaporte con sello de “no hay vuelta”.





