El Kremlin sacó este jueves la etiqueta de “historias alarmistas” y se la pegó en la frente a la prensa estadounidense, esa que contó que el director de la CIA se apareció por Moscú como quien llega de imprevisto a la fiesta del vecino a decir: “oigan, no se vayan a pasar de listos con la OTAN”. Según Dmitri Peskov, portavoz oficial del “aquí no pasa nada”, todo eso no tiene ni el más mínimo parentesco con la realidad ni con las intenciones rusas. Moscú, aclara, es la que enfrenta una “agresión” de los países europeos, o sea, el clásico guion de “yo no fui, fueron ellos”.
John Ratcliffe, jefe de la CIA, se reunió el martes en la capital rusa con oficiales de inteligencia local. El Wall Street Journal y la cadena CBS soltaron el miércoles la bomba: el hombre fue a disuadir a Rusia de probar suerte contra un miembro de la OTAN, porque las evaluaciones de inteligencia pintan un escenario en el que Moscú podría querer checar si la alianza todavía tiene batería. El mismo diario detalló que Vladimir Putin podría lanzar un “ataque limitado” en los próximos días, de esos que suenan a “solo un toquecito” y terminan como discusión de sobremesa en Navidad.
Peskov, imperturbable, recordó que Rusia sigue con su “operación militar especial”, el eufemismo oficial para la ofensiva lanzada en febrero de 2022 contra Ucrania. “Rusia hubiera preferido lograr sus objetivos por la vía pacífica, pero como eso no se pudo, continúa”, declaró a los periodistas, con la soltura de quien explica que el guiso se quemó porque el fuego estaba muy alto. Todo, claro, para garantizar seguridad e intereses.
Mientras tanto, las negociaciones mediadas por Estados Unidos para frenar el conflicto siguen en punto muerto, más trabadas que ascensor de edificio viejo en hora pico. Así que el resumen del día queda así: visita relámpago de la CIA, desmentido express del Kremlin, amenazas de “pruebita” a la OTAN y la operación especial que no se cansa de ser especial. En esta telenovela de espías, portavoces y alarmas, el único que aún no ha pedido café es el sentido común… y ya va para tres años de espera.





