Tencent gana dinero a paladas, pero lo quema todo en su nuevo juguete de inteligencia artificial

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El gigante chino Tencent acaba de presentar sus resultados y es como ver a alguien que ganó la lotería pero que se lo gastó todo en estampitas de un álbum que nunca va a completar. La empresa anunció que sus ingresos crecieron un 11%, superando los 30.000 millones de dólares, pero su beneficio neto apenas se movió. Todo el dinero extra se fue directamente a un agujero negro llamado «desarrollo de inteligencia artificial».

La compañía se lanzó a una juerga de compras tan desenfrenada que su gasto de capital se disparó más de un 65% en solo tres meses. ¿En qué se gastaron la plata? En chips y aceleradores de IA, esos componentes carísimos que son el nuevo objeto de deseo de toda empresa tecnológica que se precie. La noticia fue tan «buena» que las acciones de uno de sus principales accionistas se cayeron un 4,4%, una reacción que dice «confiamos en ustedes, pero no tanto».

Mientras tanto, los que realmente traen el pan a la mesa son sus negocios de toda la vida. Los ingresos por videojuegos en China subieron un 17% y las ventas por publicidad un 22%. Es como si los videojuegos y los anuncios fueran los hijos responsables que trabajan para financiar el costoso y experimental proyecto de arte del hermano bohemio, que en este caso es un robot que aprende a pensar.

Para justificar el despilfarro, Tencent presume de sus nuevos juguetes. Están desarrollando un asistente para su superaplicación WeChat, una especie de mayordomo digital que te pide un taxi o te resume los chismes del chat grupal, como un Siri con acento mandarín. También tienen una herramienta de oficina llamada WorkBuddy, que al parecer es la más popular de China, demostrando que al menos alguien está usando esta tecnología para algo más que generar imágenes de gatos con sombreros.

El problema es que los inversionistas están perdiendo la paciencia. La compañía ha perdido unos 170.000 millones de dólares de valor de mercado este año porque el dinero está huyendo hacia empresas que se dedican exclusivamente a la IA. En resumen, Tencent está apostando el futuro de la compañía a que sus robots parlanchines empiecen a generar billetes pronto, antes de que los inversionistas se cansen y se lleven su dinero a otra parte. Una carrera contra el tiempo con sabor a microchip y desesperación.

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