Los inversionistas de Wall Street amanecieron este miércoles con una sonrisa de oreja a oreja, como si se hubieran encontrado un billete en un pantalón viejo. La razón de tanta felicidad fue que el informe de inflación de julio salió tan perfecto que parecía hecho a la medida. El sector tecnológico, siempre tan dramático, lideró la celebración, mientras la Reserva Federal, esa figura paterna y estricta de la economía, parece que guardará el cinturón de los castigos, al menos por un mes.
Los números mágicos que calmaron a las fieras fueron un aumento de precios de apenas 0,1% respecto a junio y un 3,4% anual, justo lo que los adivinos del mercado habían pronosticado. La inflación subyacente, que es como la versión descafeinada sin contar alimentos ni energía, igualó su ritmo más bajo desde marzo de 2021. Incluso los alimentos para consumir en casa bajaron, en parte gracias a que el precio de la lechuga se desplomó por un brote de una enfermedad con nombre de villano de película, Cyclospora.
Con este panorama, los operadores de bolsa, que viven en un estado de nerviosismo perpetuo, decidieron que la Reserva Federal no tendrá que subir las tasas de interés en septiembre. Una analista de Goldman Sachs básicamente dijo que estos datos le dan a la Fed la excusa perfecta para quedarse quieta y no arruinarle la fiesta a nadie. El mercado reaccionó como era de esperar: acciones para arriba y bonos del Tesoro felices.
Pero no todo es un campo de margaritas. Mientras todos miraban los precios de la lechuga, el petróleo seguía con su propia telenovela en el estrecho de Ormuz, donde la tensión es más alta que la cuenta del supermercado. Como bien dijo un analista, la Reserva Federal podrá controlar los intereses, pero no tiene ni un solo bote patrullando en Oriente Medio. La cosa está tan movida que hasta un helicóptero estadounidense le disparó misiles a un carguero.
Al final, este respiro de alivio provocó que el dólar se sintiera un poco deprimido y perdiera valor, mientras que el oro se puso sus mejores galas y subió de precio. Las monedas de América Latina, oliendo la oportunidad, aprovecharon para fortalecerse. La moraleja del día es que la economía es un circo donde el precio de una ensalada puede calmar a Nueva York, pero un conflicto a miles de kilómetros puede incendiarlo todo sin previo aviso.




