Putin amenaza con devolver el favor si Europa le toca los barcos

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Este miércoles Vladimir Putin salió con voz de vecino al que le movieron el auto sin permiso y advirtió que si los países europeos confiscan buques mercantes rusos, Rusia va a responder exactamente igual. Según la agencia estatal TASS, el mensaje fue claro: nada de mirar para otro lado ni de poner la otra mejilla. Si hay decomiso, hay devolución con intereses.

La Unión Europea anda apretando las tuercas a la llamada flota fantasma de Rusia, esa colección de barcos que parecen sacados de una película de contrabando de madrugada. Amplían sanciones contra cientos de embarcaciones, detienen algunas con tripulación incluida y las someten a revisiones como quien revisa la mochila del adolescente sospechoso de haberse llevado las llaves del trago. Algunos gobiernos europeos hasta estudian medidas marítimas más duras contra los buques que intentan saltarse las sanciones, o sea, el clásico “ahora sí vamos en serio” después de años de mirar de reojo.

Putin no se mordió la lengua: calificó todo de piratería y bandidaje, de esos que antes se veían en películas de corsarios y ahora llegan con sello oficial. Y soltó la amenaza con tono de quien avisa en la asamblea de vecinos que si le tiran la basura a su puerta, la devuelve al pasillo de enfrente… y no necesariamente al mismo piso. Cualquier represalia rusa, dijo, no se limitará a las aguas donde hayan agarrado barcos rusos, sino que se aplicará “donde lo consideremos necesario y apropiado”. Traducción libre: el mapa es grande y la memoria, más.

Las declaraciones las soltó desde la isla de Sajalín, en el extremo oriental de Rusia, mientras presenciaba unas maniobras militares, porque nada dice “estoy tranquilo” como mirar tanques y misiles de fondo mientras lanzas advertencias. De paso acusó a la OTAN de colarse en la región de Asia-Pacífico, armar nuevos bloques político-militares y desplegar sistemas de armamento que, según él, amenazan a Rusia, además de generar tensión en el Ártico. Como si el vecindario global fuera un edificio donde de pronto empiezan a aparecer cámaras, rejas y primos armados en el descansillo.

Mientras tanto, el tablero queda servido: Europa revisando barcos como inspector de hacienda en época de declaraciones, Rusia prometiendo devolver el favor con la misma moneda y el resto del planeta mirando el forcejeo naval como quien ve dos cuñados discutir por el control del asador. Porque si algo sobra en esta historia son amenazas, barcos fantasmas y la sensación de que el próximo capítulo se escribe con megáfono y brújula.

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