Resulta que Scott Bessent, el secretario del Tesoro yanqui, salió con la gran noticia de que Washington podría cerrar un trato con Irán antes del miércoles para que los barcos vuelvan a pasar por el Ormuz como si nada. Según él, esto haría que los precios de la energía se calmen y todo el mundo respire tranquilo. El tipo repite lo que ya había soltado Donald Trump: que la vía marítima podría quedar libre en cuestión de horas, después de que el presidente diera marcha atrás con sus amenazas de bombardeo masivo. O sea, primero la bronca, después el café y la mano extendida.
Bessent declaró que están charlando con los iraníes y que existe la chance de que hoy o mañana se firme algo para que el estrecho vuelva a la normalidad. Cuando le preguntaron si Irán podría cobrar peaje a los barcos, respondió que habría libertad total de movimiento. Imagínate: cientos de buques esperando como taxis en la puerta de un boliche a las cuatro de la mañana, listos para salir pero sin saber si les van a cobrar entrada o los dejan pasar gratis.
El problema es que el Ministerio de Exteriores de Irán negó de plano que haya cualquier tipo de negociación con Washington. Y para rematar la escena absurda, un proyectil misterioso impactó contra un buque de carga en el mismo estrecho, como si alguien hubiera decidido tirar una piedra desde el balcón mientras los diplomáticos hablan de paz. Bessent se mostró optimista igual: dijo que los precios de la energía deberían estabilizarse y que eso sería bueno para todos.
En resumen, mientras un lado promete abrir el grifo del petróleo en un santiamén y el otro dice que no hay charla alguna, los barcos siguen anclados y el mundo entero mira el reloj esperando que no se arme otro lío. Porque en este conflicto, parece que hasta el estrecho puede entrar en huelga diplomática si le tocan el peaje.




