La guerra entre Estados Unidos e Irán ha comenzado a dejar un alto costo para Washington, con aeronaves de combate y equipos estratégicos estadounidenses destruidos o averiados durante la operación militar contra la República Islámica.
Entre las pérdidas reportadas aparecen cuatro cazas F-15E Strike Eagle y un F-35 Lightning II, uno de los aviones furtivos más avanzados de la Fuerza Aérea estadounidense. También se han registrado daños o pérdidas en aeronaves de apoyo, incluidos aviones cisterna KC-135 y drones MQ-9 Reaper.
El dato resulta especialmente significativo por el enorme costo y valor estratégico de estos sistemas. El F-35 fue diseñado precisamente para operar en espacios aéreos altamente defendidos, mientras que el F-15E constituye uno de los principales cazabombarderos de la aviación estadounidense.
No obstante, no todas las pérdidas atribuidas a Irán han sido confirmadas por Washington. El Pentágono ha rechazado algunas versiones difundidas desde Teherán y ha asegurado que determinados ataques no provocaron la destrucción de aeronaves estadounidenses.
Más allá de la disputa sobre cada baja, el conflicto ya evidencia que la superioridad tecnológica estadounidense no significa ausencia de vulnerabilidades. La operación también está generando un importante desgaste en municiones, aeronaves y capacidades logísticas.
La guerra que Washington esperaba dominar mediante su enorme ventaja militar comienza así a mostrar un escenario mucho más costoso y complejo de lo que sugerían las primeras previsiones.


