La dirigencia de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación intenta desmantelar los avances democráticos logrados en el sindicalismo magisterial durante los últimos años y pretende regresar al control cupular que caracterizó las peores épocas del priismo.
Lejos de defender a los maestros, la cúpula de la CNTE exige recuperar el poder de decisión sobre plazas y movilidad docente a través de comisiones integradas por líderes sindicales y gobiernos estatales, el mismo esquema corporativo y opaco que durante décadas se prestó al tráfico de plazas, el clientelismo y la corrupción institucionalizada.
El gobierno federal fue categórico: ese modelo ya no tiene cabida en la Cuarta Transformación, que sustituyó las decisiones cupulares por votación directa, secreta y universal, tal como establece la Constitución.
La respuesta del magisterio fue la más elocuente. Cuando el gobierno decidió consultar directamente a las maestras y maestros de los 31 estados, la CNTE rechazó la propuesta, dejando en evidencia que esta organización no es la voz del magisterio, sino la voz de una dirigencia que ve amenazado su negocio, su poder y sus privilegios ante el avance irreversible de la democracia sindical.
CNTE intenta dar reversa a la democracia sindical y busca regresar a las viejas prácticas sindicales de los tiempos del PRI



